
“La represión que se ha enfrentado en Copenhague es un reflejo de lo que está sucediendo en las conversaciones sobre el clima: las voces críticas son silenciadas”, subraya Kevin Smith, de la red internacional anticapitalista Climate Justice Action (CJA). En la semana de movilizaciones en contra de la cumbre del COP15, la polícía danesa ha llevado a cabo la detención de una media de 300 activistas diarios por sospechas de que podían estar pensando llevar a cabo algún acto de desobediencia civil. Y lo han hecho con la ley en la mano.
Con rapidez, apenas un mes antes de la cumbre, y tras una campana mediática en la que se atemorizó a la población danesa con la masiva llegada de activistas, el Gobierno sacó adelante una norma ampliamente criticada por los movimientos sociales y que seguirá vigente tras el encuentro en Copenhague. La ley llamada ‘Antisinvergüenzas’ confiere a la policía amplios poderes: con la sospecha de que una persona podría violar una ley se le puede detener durante 12 horas. Si los detenidos son acusados de obstaculizar el trabajo de la policía, la pena aumenta a 40 días en prisión. “No es una ley aprobada para la cumbre, sino con la excusa de la cumbre porque con la crisis financiera están aumentando las protestas. Además, esta ley hace diferencias de clase: si tienes dinero para pagar la multa o perder tu trabajo tras los días de detención, entonces te puedes permitir la libertad de expresión”, subraya Kathrine Enke, miembro de la plataforma danesa Climate Collective, red danesa de apoyo a activistas.
En las diversas acciones, la policía practicó detenciones masivas sin ningún tipo de justificación. Día tras día, los activistas eran envueltos por grupos en las manifestaciones y, una vez desgajados del resto, detenidos. Otras veces se arrestaba a la gente en las calles o en diversos centros sociales. Los dinamizadores de los diversos bloques fueron detenidos preventivamente el día antes de que sus acciones tuvieran lugar. Muchos abandonaban sus lugares de alojamiento en los días previos a realizar las acciones para evitar ser arrestados en las incursiones policiales nocturnas.
Pese a contar con una norma que les da plena potestad para realizar detenciones, la policía danesa, famosa por su educado comportamiento, ha recrudecido considerablemente sus formas ante la resistencia de los manifestantes. Desde el 13 de diciembre, se decidió en asamblea abierta en el centro social de Ragnhildgade que los manifestantes marcharían formando cadenas y que se resistirían de un modo no violento a la detención. A partir de entonces, las porras, el gas pimienta y los perros fueron una constante en el acervo de herramientas de la policía. Agentes secretos infiltrados se comportaron de un modo especialmente violento. Una cuestión que ha trascendido porque uno de ellos iba camuflado con una chaqueta de una cadena de televisión nacional que le pilló in fraganti golpeando a un activista y lo grabó. La asociación de prensa danesa lo ha denunciado.
Autonomía internacional
La red internacional anticapitalista CJA organizó, junto con Climate Collective, la infraestructura que ha permitido disponer de todo tipo de servicios a quienes llegaron a Copenhague. Albergues y comedores comunitarios, alojamientos en casas particulares, puntos de información por toda la ciudad, equipo legal, atención médica y psicológica en el barrio ‘liberado’ de Christiania y, por supuesto, asambleas y talleres de preparación de las acciones han permitido vertebrar en lo posible estos días de inquietud, movilizaciones y, sobre todo, detenciones.
El calendario de acciones se perfiló a lo largo de todo un año mediante un proceso asambleario, dinámica que ha continuado a lo largo de los días de movilización. Cada jornada contó con una acción principal y diversas acciones descentralizadas. Así hubo acciones dedicadas a los combustibles fósiles, a la fronteras, al negocio agroalimentario, al poder popular...
El 16 de diciembre, día de inicio del clímax de la cumbre del COP15, el bloque anticapitalista intentó entrar en el Bella Center, lugar en el que la reunión estaba teniendo lugar. Tras el asalto policial a Christiania, la noche del 14 de diciembre, el clima de sospecha de detención masiva era absoluto. Para evitar que se abortara la Asamblea del Pueblo que se esperaba celebrar a las afueras del Bella Center, los activistas decidieron dividirse en dos bloques: el Azul que discurriría por la zona autorizada pero intentaría entrar en el césped aledaño a la puerta del edificio, y el Verde, que llevaría a cabo acciones dispersas y convergerían con el Azul en el Bella Center. Entre ambos bloques un grupo de corredores pasaría la información. Sin embargo, no hubo manera de entrar en el Bella Center. Quienes estaban en el bloque Azul fueron rociados de gas pimienta y golpeados con dureza. El bloque Verde fue anulado con un saldo de 260 detenciones preventivas. Incluso los representantes de la sociedad civil que quisieron unirse a los manifestantes saliendo del Bella Center fueron golpeados y no se les permitió entrar de nuevo ni reunirse con la protesta.
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