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Periódico Diagonal

ENTREVISTA | MARIAM, MIEMBRO DE LA ASOCIACIÓN DE MUJERES REVOLUCIONARIAS DE AFGANISTÁN (RAWA)

“A Occidente no le interesa nuestra liberación,sino aliarse con el fundamentalismo”

Joana García Grenzner , Madrid
Viernes 16 de junio de 2006. Número 11
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LA ASOCIACIÓN RAWA nació durante la época de influencia soviética en Afganistán. Entonces, como hoy, promovían el secularismo y la igualdad de derechos. // Alejandro Zapico

RAWA nació bajo dominación soviética para luchar por los derechos de las mujeres en un Gobierno legítimo y democrático, creando escuelas gratuitas y hospitales, acogiendo refugiados de la guerra y mujeres sin recursos y dándoles formación. Mientras, Estados Unidos, Francia y Arabia Saudí financiaban a los muyahidines en Pakistán y Afganistán para desestabilizar a la URSS. Resistió el estado de excepción diario del régimen muyahidin (1992-96), que hostigaba a la población con violaciones masivas, secuestros y asesinatos ejemplares. Acogió a las mujeres marginadas por el estigma de la violación y afrontó el rechazo social por apoyarlas. Bajo el régimen talibán (1996-2001) instruyó a las niñas en escuelas mixtas y clamaba por todo el mundo su denuncia del fundamentalismo. En 2001, sobrevivió a las bombas ‘liberadoras’ de EE UU y aliados. Hoy denuncia al Gobierno títere de Karzai, trufado de líderes de la Alianza del Norte y en proceso de aperturismo hacia una sección ‘moderada’ de los talibanes.

DIAGONAL: Desde 2001 venís denunciando que el Gobierno de Karzai ha mantenido a los fundamentalistas en el poder. Cuatro años después, ¿la situación continúa igual?

MARIAM: En las elecciones presidenciales la mayoría de la gente votó a Karzai porque pensaban que era la única opción real contra el fundamentalismo, pero el primer ministro ha mantenido a los fundamentalistas entre los ministros, los diputados, los militares, en gobiernos locales como es el caso de Kabul... En ésta y otras provincias son fuertes, tienen poder político y militar. Algunas cosas han cambiado: en Kabul capital hay unos 5.000 efectivos de tropas pacificadoras y lo han convertido en el centro de atención de los medios de comunicación, de las agencias, incluso del Gobierno. Pero continúan los abusos y las violaciones de derechos: violaciones, matrimonios forzados y secuestros de mujeres; las amenazan por salir a la calle o a la escuela; incluso secuestran a algunos trabajadores humanitarios locales. Y no sólo la presión sobre las mujeres. En general las condiciones económicas, políticas o sociales no están mejorando la situación de la mayoría de población, especialmente en los campos de refugiados de Pakistán.

D.: ¿Cuál es su situación después de la invasión?

M.: Algunos refugiados volvieron a Afganistán, pero en cuanto vieron que no mejoraban las condiciones de vida y que continuaban los conflictos étnicos, religiosos y regionales por los ataques de los señores de la guerra, regresaron a Pakistán. Según cifras oficiales, más de un millón de personas viven en campos de refugiados en Pakistán y otro tanto en Irán, sin acceso a necesidades básicas como la educación, la sanidad o el empleo.

D.: Con los bombardeos de 2001, EE UU se aseguró el control del territorio afgano, y lo ha mantenido hasta la actualidad.

M.: Desde el principio de la Guerra Fría, y como algunas potencias occidentales, EE UU ha dado apoyo económico, político y militar a los fundamentalistas y terroristas para utilizarles, y lo sigue haciendo hasta hoy, incluso después del 11-S. Lo importante no es si se llaman talibanes o Al Qaeda, sino que sus ideas perviven con su apoyo. Es importante que se sepa que EE UU está apoyando tanto a la Administración afgana como a la oposición, y ambos son la Alianza del Norte, lo que supone una pantomima. Conocen muy bien los contactos entre el fundamentalismo y las redes terroristas, pero confían en ellos y los utilizan. Los gobiernos occidentales no están interesados en la liberación de las mujeres o la democracia en Afganistán, sino en aliarse con estos líderes y mantenerlos en el Gobierno. No les importa si los fundamentalistas son el terror, lo que les importa es que beneficien a sus políticas.

D.: ¿Qué efectos han tenido las bombas estadounidenses de 2001? Según lo varias organizaciones, EE UU lanzó unas 100 toneladas de proyectiles con uranio empobrecido en suelo afgano.

M.: No es posible encontrar informes oficiales, aunque sabemos que se usó en las zonas este y oeste, donde estaban los talibanes o Al Qaeda. Todo el mundo lo sabe, porque no les preocupa la población. Por ejemplo, bombardearon zonas montañosas de las que extraían el agua los pueblos cercanos y la contaminaron por varios años. Es muy duro porque los EE UU no estaban solos: la mayoría de gobiernos europeos y occidentales les apoyaron. No podemos encontrar estadísticas sobre muertos, heridos, destrozos o el tipo de bombas que usaron. Se calcula que hubo unos 3.000 muertos, pero, ¿quién sabe? Porque bombardearon zonas remotas e incomunicadas con el exterior y los medios nunca fueron allí a ver qué ocurrió. Especialmente al principio de la guerra, no pudimos acceder a ninguna información sobre las campañas militares en la zona talibán.

D.: Lleváis desde el 77 gestionando hospitales y escuelas mixtas, siempre en clandestinidad. Después de la llegada de la ‘democracia’ seguís sin poder salir a la luz. ¿Cómo son vuestras condiciones de trabajo?

M.: No podemos trabajar con una organización visible dentro de Afganistán. A los críticos con el fundamentalismo o que tienen publicaciones de RAWA se les acusa de pertenecer a nuestra organización y se les presiona: periodistas o intelectuales han sido asesinados, arrestados o amenazados para que paren de hablar. No estamos en condiciones de trabajar de forma abierta. Aunque, por primera vez en nuestra historia y gracias a la ayuda de las fuerzas de paz, este 8 de marzo de 2005 RAWA hizo una celebración pública del Día de la mujer. Fue la primera actividad abierta en Kabul.

D.: Sois una organización independiente y crítica con el Gobierno afgano. ¿Compartís esta postura con más organizaciones o personas?

M.: Somos quizá el único grupo de mujeres con un ideario político contra el fundamentalismo y que organiza acciones públicas como campañas en contra, encuentros, manifestaciones, convocatorias, documentación de abusos, publicaciones... La mayoría de población de Afganistán está a favor. Los grupos, organizaciones y personas contrarios al actual Gobierno, al fundamentalismo y a las políticas de sus líderes tienen el mismo problema que nosotros: el de la seguridad. No pueden hacer nada ante la presión de las fuerzas fundamentalistas. La libertad de expresión y de participación política no existen en Afganistán.

D.: Tenéis grandes problemas financieros y algunos gobiernos se han mostrado reticentes a apoyaros por vuestra crítica al Gobierno afgano. ¿esto sigue ocurriendo?

M.: Después del 11-S, la mayoría de organizaciones humanitarias y algunos gobiernos estuvieron interesados en apoyar diferentes proyectos de RAWA. Tan pronto como estalló la guerra en Iraq y los medios desplazaron su atención, éstos pararon de subvencionar nuestros proyectos y no hemos recibido muestras de interés por nuestro trabajo. Es muy duro conseguir fondos: inmediatamente después de la invasión recibíamos 20.000 dólares al mes en donaciones individuales de EE UU para gestionar uno de los hospitales en Pakistán que provee de cuidados sanitarios gratuitos; ahora no podemos ni reunir 2.000.

D.: RAWA va a apoyar 19 candidaturas personales en las próximas elecciones parlamentarias regionales. ¿Cuál es su programa político?

M.: Tienen una agenda diferente: hay una mayoría de mujeres y tienen programas sociales, además de compartir nuestra visión, el apoyo a la democracia, el secularismo y la igualdad de derechos para las mujeres. Apoyaremos a todo hombre y mujer que defiendan estas ideas.

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Portada número 174
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