
Ultimamente, los medios de comunicación no paran de bombardear con artículos sobre la crisis financiera y económica en la que se ha sumergido el planeta. Si bien es cierto que nos encontramos inmersos en una crisis a nivel mundial provocada por los instrumentos financieros (esto podría ser tema de otro articulo), en España se ve muy potenciada y ampliada por el estallido de la burbuja inmobiliaria.
Antecedentes
Se puede citar el año ‘99, (y con
más virulencia 2002) como fecha
en la que arranca el segundo boom
de la vivienda (el primero fue en
la época de Boyer y su cambio en
la Ley de Arrendamiento). Se dieron
una serie de factores únicos e
irrepetibles: la llegada de la generación
más numerosa de la historia
de España a la edad de emancipación,
la implantación del euro
(aflora el dinero negro, bajos tipos
de interés del Banco Central
Europeo), y otros que hicieron que
la demanda de vivienda aumentase,
y con ello el precio. Esto además
trajo la aparición de especuladores
que contribuyeron aún más
a ese aumento (algunos años subió
un 17% y en el período 2002-
2006 duplicó su precio).
Los costes de construcción de la vivienda media (unos 60.000 euros) estaban muy por debajo del precio medio de venta, con lo cual los beneficios de la construcción (y de los dueños del suelo) eran fabulosos.
Esto provocó que las empresas constructoras aumentaran su tamaño y construyesen mucho más de lo que hubiesen edificado en condiciones normales ya que todo se vendía. Además estas empresas “tiraban” del resto de la economía, pues demandaban a su vez gran cantidad de servicios y productos de la industria auxiliar. Se produjo una gran expansión artificial de la economía a rebufo del sector inmobiliario. En el punto álgido, se llegaron a construir 800.000 viviendas al año, más que las construidas en Reino Unido, Italia y Alemania juntas. Se estima que la demanda natural es de 350.000 al año.
Estallido de la burbuja
Evidentemente este aumento de
precios no se podía sostener en el
tiempo. Súbitamente, no hay compradores
(el baby boom ya ha sido
hipotecado y las nuevas generaciones
son, numéricamente hablando,
la mitad de las anteriores) y esto pilla
a las empresas constructoras
con un récord de promociones en
marcha. Al no poder venderlas, los
promotores quiebran como resultado
de la deuda que tenían con los
bancos y cajas para financiarse.
Estas quiebras provocan miles de
despedidos en la construcción y un
efecto dominó de quiebras en su cadena
de subcontratas. Se genera
paro y descenso de la actividad económica
en general. Llega la CRISIS
(con mayúsculas).
Actualmente se estima la sobre oferta de viviendas en España de entre cuatro y cinco millones según las fuentes. Las cifras indican que hay un promedio de 1,56 viviendas por familia española, una de las tasas más altas del mundo. Se ha construido en cinco años lo que debería construirse en quince. De paso se ha destrozado la costa y algunos parajes naturales irrepetibles, además de fomentar la corrupción en los ayuntamientos. Entre las consecuencias más notorias de la burbuja inmobiliaria destacan:
1- PARO EN LA CONSTRUCCIÓN. El motor más importante de empleo en España no va a recuperarse en los próximos años. El empleo destruido en ese sector no volverá y además la caída de la demanda de este sector está afectando negativamente al resto de la economía.
2- DESINCENTIVACIÓN DE LA ECONOMÍA PRODUCTIVA. Grandes recursos productivos se destinaron a ese sector, desincentivando la creación de un tejido productivo real que ahora sería necesario. Pero nadie invierte en ningún tipo de empresa si se puede construir un piso por 60.000 o 70.000 euros y venderlo por el doble. No es posible encontrar un negocio mejor.
3- AUMENTO EN LOS COSTES DE LA ECONOMÍA PRODUCTIVA. Otro efecto colateral en las empresas y negocios ha sido la subida de sus costes para obtener naves, terreno industrial, oficinas, etc., que luego tenían que repercutir en sus productos, reduciendo su competitividad.
4- POSIBLES QUIEBRAS BANCARIAS. A medida que los promotores quiebren y vayan dejando créditos impagados, es posible que haya bancos que no superen la morosidad y tengan que ser intervenidos. Estas consecuencias netamente españolas llevan a la conclusión de que la crisis aquí será más dura y prolongada que en otros países de nuestro entorno en los que no se ha producido burbuja inmobiliaria.
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