
El 18 de enero fueron detenidos en Barcelona 12 ciudadanos de origen paquistaní y dos hindús acusados de estar preparando una cadena de atentados suicidas en los transportes públicos de la ciudad condal. La información sobre la desarticulación de la presunta célula islamista fue difundida por el Ministerio del Interior, y el propio Alfredo Pérez Rubalcaba ofreció una rueda de prensa de urgencia. Pero pocas horas después de anunciar la gran actuación de las fuerzas de seguridad, ya iban filtrándose datos significativos que ponían en duda gran parte del relato policial. De las detenciones se encargaron, por indicación directa del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), agentes de la Guardia Civil ante la estupefacción de algunos responsables del Cuerpo Nacional de Policía que habían hecho seguimientos a los detenidos durante tres años y no habían encontrado indicios que motivaran su detención. Después de haber sido interrogados durante cinco largos días, y a pesar de la inconsistencia de las pruebas, el juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno ordenó el ingreso en prisión de una decena de los detenidos.
Los explosivos
Durante los registros en dos mezquitas
y cinco viviendas del barrio
del Raval, los agentes se esperaban
encontrar gran cantidad de explosivos.
El operativo de asalto planificado
por los grupos especiales de la
Benemérita desplazados desde Valdemoro,
en Madrid, estaba pensado
para situaciones de alto riesgo, similares
a las del piso de Leganés
donde se inmolaron siete yihadistas
en abril de 2004. Pero nada fué como
se imaginaban. Después de dejar
patas arriba habitaciones y salas
de oración, los agentes se encontraron
tres relojes temporizadores,
diez cables de cobre y pequeñas bolitas
de acero. En una bolsa de plástico
fuentes policiales afirmaron haber
localizado en un primer momento
50 gramos de Triperóxido de
Triacetona. Dos días más tarde, los
análisis certificaron que se trataba
de 20 gramos de Nitrocelulosa mezclada
con diversos cloratos, un material
que puede utilizarse después
de una laboriosa transformación para
elaborar material explosivo, pero
que se encuentra también en la
práctica totalidad de las lacas comerciales
para madera que se pueden
adquirir en tiendas de bricolaje.
Posteriormente, Interior defendió la tesis de que los explosivos estaban escondidos en un zulo y que eran buscados por un amplio despliegue policial entre Tarragona y Castellón. Pero a medida que pasaba el tiempo las fuentes policiales fueron diluyendo la pista y finalmente sostuvieron que quizás nunca hubo material explosivo en territorio del Estado español y que éste nunca llegó a salir de Argelia.
Mientras el CNI activaba una alerta internacional para localizar a seis personas que presuntamente integraban la célula pero que habían conseguido huir. En la madrugada del 22 de enero, un vuelo de Easy Jet que había despegado del aeropuerto del Prat fue rodeado por los equipos antiterroristas de Scotland Yard en el momento de aterrizar en Gatwick, Londres. Según los servicios secretos españoles, los ‘suicidas’ fugados habían conseguido escapar en ese vuelo. Seis ciudadanos paquistaníes fueron encañonados, esposados y detenidos. Durante 20 horas fueron intensamente interrogados en la comisaría de Paddington.
Incluso los agentes policiales llegaron a preguntarles sobre el contenido de diversos DVD con las últimas novedades de la cinematografía de Bollywood que llevaban. Haaris Elahi, uno de los detenidos, afirma que le espetaron:“¿En estas cintas hay instrucciones y entrenamiento para la inmolación?”. Pero los agentes de Scotland Yard pronto reconocieron el error. Mark Lyall Grant, portavoz de la Oficina de Exteriores del Gobierno británico, declaró que las informaciones del CNI, originadas en los servicios secretos franceses, según fuentes oficiales, eran literalmente falsas.
Scotland Yard liberó a los detenidos, que pertenecen al PML-Q, el partido gobernante en Paquistán. Por su parte el jefe de la Oficina de Coordinación de la Seguridad de Portugal, Leonel de Carvalho, afirmó que los datos que apuntaban a la preparación de una cadena de atentados en Francia, Reino Unido, Portugal y Alemania, vinculada a la célula de Barcelona, eran “meras especulaciones”.
El hijo de Ayud, el panadero de 67 años de calle Hospital afincado en Barcelona desde hace 30 años y detenido el 18 de enero, no pudo ver a su padre en la cárcel de Nanclares de Oca hasta 20 días después del arresto. La comunidad paquistaní se manifestó en Badalona el 10 de febrero para exigir su liberación. Según recoge el semanario catalán La Directa, fuentes de dicha comunidad, que defienden la inocencia de sus compatriotas, afirman que todo se debe a un montaje del ISI, los servicios secretos paquistaníes: “Aquí no es fácil entender hasta dónde son capaces de llegar. Han asesinado a centenares de disidentes y actúan con total impunidad fuera de Pakistán”. El ISI hace un intenso seguimiento de los paquistaníes residentes en Barcelona. Tras el asesinato de Benazir Bhutto disidentes paquistaníes se manifestaron ante el consulado de Barcelona. “Se trata de una venganza contra los disidentes por razones de Estado” sostienen estas fuentes.
Gira europea
Se da la circunstancia de que las detenciones
de Barcelona se produjeron
la víspera del inicio de la gira
europea del presidente Pervez Musharraf.
Su régimen dictatorial está
buscando un consenso político en
Europa que le respalde en sus políticas
de guerra contra los talibanes y
los sectores islamistas críticos.
¿Modificar el criterio de la opinión pública?
Robert Gates, Secretario de
Estado de Defensa de los
EE UU, apuntó algunas de
las claves para entender lo
sucedido. Durante su intervención
en la Conferencia
de Política de Seguridad de
la OTAN celebrada en Munich
el 11 de febrero afirmó
que le preocupaba la
presión de la opinión pública
de algunos Estados europeos.
Aseguró que la
aportación militar en Afganistán
de los diferentes
ejércitos coaliados en la
OTAN debía ser equilibrada,
y que los EE UU no podían
asumir sólo un número
de bajas tan elevado.
Por ello Gates afirmó que era necesario modificar el criterio de la opinión pública: “la ciudadanía debe entender que las bases talibanes de Afganistán y Paquistán son el embrión de las células integristas que luego atentarán en Europa, como iba a suceder hace pocas semanas en Barcelona”. Un dato para la reflexión: la operación de la Benemérita en Barcelona fue bautizada como Operación Pantata, nombre que finalmente no fue usado públicamente por petición expresa del gobierno Bush. ‘Pantata’ forma parte de la terminología utilizada para algunos informes policiales de inteligencia que tienen su origen en el Pentágono.