
“El producto [Coca Cola Zero] debe salir de circulación para preservar la salud de los venezolanos”, anunciaba el 10 de junio el ministro de Salud y Protección Social de Venezuela, Jesús Mantilla. En un primer momento, la información difundida por la Agencia Bolivariana de Noticias no determinaba cuál era el componente por el que se prohibía.
Esta situación facilitó que la información difundida por otras agencias europeas, como Reuters y EFE, achacara el hecho directamente a la conflictividad laboral en la empresa y sus malas relaciones con el Gobierno. Y en la memoria de todos la frase del presidente venezolano, Hugo Chávez: “Yankis de mierda, váyanse mil veces al carajo”. “Coca Cola cede al enfrentamiento con Chávez y retira su bebida”, titulaba el diario El País dos días después de su prohibición. Mientras, los integrantes del concurso Fama, de Cuatro TV, del mismo grupo mediático, se paseaban con camisetas de este refresco por escenarios de Málaga y Albacete.
Un día después del anuncio de su retirada se conocía que la decisión correspondía a una infracción legal por parte de la empresa FEMSA de Venezuela (Coca Cola). El producto contenía ciclamato de sodio (E-952), algo que no se encontraba en la solicitud realizada en 2007 por la empresa y aprobada por el Ministerio, según explicaba el 11 de junio Divis Antúnez, director del Servicio Autónomo de Contraloría Sanitaria del Ministerio del Poder Popular para la Salud y Protección Social.
¿A quién le amarga un dulce?
El ciclamato de sodio es uno de los
edulcorantes más potentes y baratos
utilizados en la fabricación de productos
bajos en calorías o sin azúcar,
como zumos, refrescos, bollería industrial,
chucherías, endulzantes líquidos...
[ver recuadro inferior]. Eso
sí, sólo allí donde es legal su utilización.
Fue prohibido en EE UU en
1969. Tampoco está permitido en
Gran Bretaña, Irlanda, Bélgica, Australia
o Nueva Zelanda, entre otros
países, según explicó a este periódico
Eduard Rodríguez Farré, profesor
de investigación del Consejo Superior
de Investigaciones Científicas
(CSIC), en el Instituto de Investigaciones
Biomédicas de Barcelona.
Por su parte, el autor de la Guía de los aditivos usados en alimentación, Esteban Cabal, detalla: “En experimentos con animales provocó tumores en ovarios, riñones, piel y útero. En humanos se ha dicho que interfiere en la síntesis de las hormonas tiroideas y puede producir alergias. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), puede tener potencialidades cancerígenas y efectos mutágenos. Se desaconseja su consumo especialmente a niños y mujeres embarazadas y puede dañar los espermatozoides y los testículos”, explica.
Sin embargo, el ciclamato de sodio es legal en España, Italia, Grecia, Portugal, Polonia, Estonia, Lituania y varios países de América Latina. Por su parte, la OMS establece en 11 miligramos de E-952 por kilogramo de peso corporal la ingesta diaria máxima. “La agencia más estricta suele ser la FDA [Food and Drug Administration] estadounidense, mientras que la UE es mucho más laxa e influenciable por los intereses de la industria”, denuncia Rodríguez Farré.
Ante la decisión de Venezuela, la Agencia Española para la Seguridad Alimentaria comentó a este periódico que se trataba de “un problema totalmente político”. Sobre la prohibición de este edulcorante en otros países, afirmaron que no evaluaban sus motivaciones, y reafirmaron la aceptación de este edulcorante por la legislación española y la de la UE. El E-952 se encuentra en la directiva comunitaria de junio de 2008 “por la que se establecen criterios específicos de pureza de los edulcorantes que pueden emplearse en los productos alimenticios”. Previamente, en 2003, se dictaminó “una reducción de las dosis máximas”.
“Los últimos estudios que se han realizado sobre las consecuencias del E-952 son del año 2000. Tras su investigación en monos, estos sufrieron atrofia testicular e inducción a procesos cancerígenos, pero ha habido muchos trabajos que no han encontrado efectos secundarios, la mayoría pagados por la industria, para demostrar su seguridad”, reconoce Rodríguez Farré. Mar Gómez, naturópata y profesora del Instituto de Terapias Integrales y Enseñanzas Enérgeticas, explica a DIAGONAL: “Nadie va a decir que por utilizar un producto se vaya a desencadenar una pandemia de cáncer. Se podría, pero no se quiere. Miremos nuestro entorno, cuánta gente fallece de cáncer, y preguntémonos qué hacemos con la alimentación, cómo está el aire”. En este caso, no obstante, se necesitan grandes cantidades de edulcorante para tener esos problemas, según puntualiza Gómez. Pero, como denuncia Cabal, el autor de la guía de aditivos alimentarios, “ni siquiera podemos saber qué cantidades tomamos al consumir un producto, ya que no se especifica entre los ingredientes su proporción”. El investigador del CSIC Rodríguez Farré señala a este respecto, “la toxicidad del E-952 no es elevada, pero en el ámbito de la salud pública, cuando un producto se utiliza a diario por millones de personas, el riesgo, por mínimo que sea, no es nada despreciable. En esta situación el principio que se suele aplicar es el de precaución, y, por tanto, se suele prohibir”.
Venezuela no es el primer lugar donde Coca Cola tiene que cambiar la fórmula de su producto Zero, con la eliminación del edulcorante. En febrero de 2008 ya lo hizo en México, Argentina y Chile. Y el refresco sigue consumiéndose. La compañía lo disfrazó, según la prensa mexicana, con el anuncio de un cambio de sabor del producto.
SACARINA (E-954)
Según Eduardo Cabal, en la Guía
de los aditivos usados en alimentación,
este edulcorante es usado
desde principios del siglo XX. “No
se ha demostrado que ayude a
perder peso. Dosis altas provocaron
cáncer de vejiga en ratas en
experimentos realizados en los
años ‘70. Se ha dicho que pueden
producir cáncer en los hijos y
nietos de quién lo toma. Está prohibido
en Francia y en Canadá. En
EE UU es obligatorio advertir en
las etiquetas sobre los productos
que contienen sacarina”, señala.
ASPARTANO (E-951)
“De origen químico, fue descubierto
en 1965 y se usa desde
1983 como edulcorante en
muchos productos de gran consumo.
En el organismo se transforma
en fenilalanina, ácido aspártico
y metanol. Su toxicidad está
siendo objeto de encendidas
polémicas en EE UU, donde ha
sido acusado de provocar convulsiones,
estados de coma, tumores
cerebrales y ceguera”, explica
la guía de Cabal. En el Estado
español las etiquetas advierten
de algunos de sus riesgos.