
El mundo de la música está cambiando, de eso no hay duda. Se venden cada vez menos discos y aumentan las descargas por Internet. Cada vez hay más músicos y más conciertos y a la vez están cerrando sellos discográficos. Mucho tiene que ver con esto la consolidación de las nuevas tecnologías, la precarización de la vida y el cambio en el concepto de cultura y ocio, según coinciden muchos músicos. El fin del sello independiente Metak es un ejemplo de ello. Recientemente, la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) publicó los datos referidos al Estado español en 2005, en el que el conjunto de la industria discográfica había facturado 480 millones de euros, frente a los 474,5 del año anterior, gracias al mercado digital, y especialmente a la venta de música a través de los móviles, que había aportado 40 millones de euros, esto es, a las compañías que tienen una gran infraestructura e ingente promoción. Las ventas de música grabada en los soportes físicos, como el CD, cayeron en 2005 un 5,7% con respecto al 2004, siendo los más vendidos Amaral, Estopa, Juanes, Batuka y Bebe. Cada cual que saque sus propias conclusiones.
Los integrantes de la discográfica vasca Metak han rehusado amablemente por ahora hacer declaraciones formales a la prensa, aparte del comunicado de anuncio de cierre a finales de enero, porque ha sido una decisión dura “y la atención que se nos presta ahora es la que nos merecíamos en los cinco años anteriores, no ahora que ya no existe Metak”, apuntan. Está claro que los medios de comunicación son también un actor importante en el mundo de la música. En su comunicado expresaban que no les quedaba más remedio que “bajar la persiana” debido a la situación económica: “siempre hemos navegado en aguas turbulentas, pero en estos últimos años la situación de las discográficas se ha ido complicando mes a mes. Las ventas de discos han caído en picado y todo esto nos ha llevado a una situación de período especial”, y añaden: “hemos tirado hacia adelante hasta que no nos ha quedado otra opción”.
Sello de referencia
Esta disquera vasca, referente de la música cantada en euskera y heredera de Esan Ozenki, ha permanecido sus cinco años de vida mostrando aprecio por la música menos comercial y arriesgando por sacar a artistas de folk o apoyando estilos más experimentales.
“Estamos satisfechos con el trabajo de estos cinco años. Creemos que dejamos un catálogo sólido, cuya distribución queda garantizada (por Elkar en Euskadi y por Pias en el resto del Estado). No nos arrepentimos de las apuestas hechas, cada uno de los discos publicados son los que queríamos editar en ese momento”, decían en el comunicado. Incluso, se habían adaptado a Internet, ofreciendo el servicio de descargas de canciones a un módico precio.
Gusto por la música
Metak no era lo que uno tiene en mente cuando se nombra la denostada palabra ‘discográfica’. Es decir: multinacional que hace contratos abusivos, apenas cuida el trato personal, sólo mima a los superventas y se gasta gran parte del presupuesto en campañas de marketing, busca únicamente la rentabilidad económica y deja de lado la parte artística, innovadora y propositiva. No, Metak no era eso. En una industria donde la concentración empresarial es arrolladora (cinco empresas, Sony, Universal, Warner, BMG y EMIOdeón, acaparan el 75% del mercado) y el monopolio de los derechos de autor es de un acoso desmedido, Metak quiso ser otra cosa.
Algunos de los integrantes de grupos musicales que han trabajado en Metak, con los que se ha puesto en contacto DIAGONAL, coinciden en el trato especial, “casi familiar”, con el que se encontraban, y “ahora nos damos cuenta al buscar otra discográfica y lo que nos ofrecen”, comenta Unai, de Betagarri. Una relación de “gusto por la música”, destacan todos. Aparte de que el precio de los discos no estaba tan alto como el que fijan la mayoría de compañías, y como afirma el músico Mikel Makala, se trataba de “discos que sin duda han sido importantes para entender el panorama vasco musical de media década”.
Desde un sector de la sociedad, cada vez más amplio, se pide un cambio radical de esquemas, tendente a otra forma de ofrecer música, libre, sin intermediarios, con acceso universal, y se sugiere que para eso, nada mejor que las descargas en Internet, sobre todo a través de los sistemas P2P, privado entre particulares. Pero, posiblemente, aún sean necesarias las discográficas independientes, como afirma Unai, donde haya gente que busque a grupos, haga una apuesta por ellos y les dé apoyo y difusión, porque “en Internet hay una masificación excesiva, se le da un sentido mercantil a las canciones y se pierde el valor cultural. Al ser gratis, se busca la cantidad más que la calidad de lo que te bajas”.
Sin embargo, Fernando, del grupo de rock Kuraia (que también pertenecía a Metak) ve claro que las discográficas van a ir cayendo, porque “estamos en un momento de reubicación de la industria y afecta a todos los ámbitos”. Para este músico es normal que con los cachés desmedidos que piden ciertos grupos, con los precios abusivos de los discos y la cantidad de intermediarios que hay, la gente se baje música de la Red. “La música es un bien cultural, que debe ser accesible para todo el mundo”, afirma rotundo, aunque “con el cierre de Metak se produce una gran pérdida, sobre todo para la cultura vasca”.
Calidad y cantidad
Unai, de Betagarri, cree que es cuestión de elección: “pagar o bajarte la música gratis, gastar ese dinero en un disco, apoyando música menos comercial, o gastártelo en mejores ruedas para el coche o en drogas o en lo que sea”. “Lo que pasa es que en Internet hay de todo, mucha basura también, y quizás sólo llegue a oídos del público lo que anuncian machaconamente en los medios, con una campaña publicitaria que no puede hacer casi nadie”. Y si poca gente escucha a un grupo, poca gente va al concierto, que es donde sacan el dinero los músicos para vivir, y no de los discos, como coinciden todos. Pero ahí es donde se apela a la calidad de la música para tener oyentes, como afirman los defensores de las descargas. Por otro lado, según Makala, “la gente que consume música desde la masificación de la era Internet y los mp3, que cree que la música es gratis y que lo seguirá siendo el resto de sus vidas, cae en un gran error. No se da cuenta de que no pagan por sus discos al comprarlos en una modesta tienda que cuida con cariño la música que vende, pero están pagando a Telefónica o Wanadoo, y por los ordenadores y discos duros a Microsoft o HP, y por los reproductores de mp3 a Apple o Creative. Que me digan a mí que la música es gratis, cuando se está enriqueciendo a multinacionales yanquis”.
¿Quizás, en estos tiempos de crisis y de cambios, la autoedición sea la solución? ¿Habrá un cambio hacia la distribución en Internet? La clave que apunta mucha gente del mundo musical menos comercial y más contestataria es “descargar con conciencia”. El tiempo lo dirá. Suponemos.