
Fuera de los datos oficiales, CC OO estima en 320.000 las personas en situación ‘irregular’ en la Comunidad de Madrid y, según SOS Racismo, el número de ‘sin papeles’ en el conjunto del Estado asciende a más de un millón de personas, víctimas de una larga lista de violencias invisibles. Un 20% de los inmigrantes de la capital, aun estando obligados a hacerlo, no renovaron su empadronamiento este año, lo que aumenta la marea de ‘ilegales’ en las calles de Madrid. Estos meses, el barrio de Entrevías, en el distrito de Puente de Vallecas, sirve de paradigma para tratar el fenómeno social de la inmigración.
¿Cuánto vale la vida de
un ecuatoriano?
La mañana del 7 de abril, la Comunidad
de Madrid entregó dos pisos a
la familia de Diego Armando Estacio,
víctima mortal del atentado de
ETA en Barajas. En el evento, que tuvo
un sonoro eco en los medios, fotografías
de sonrisas y apretones de
manos, la institución se compadecía
de “la situación de emergencia social
que tenía esta familia”, poniendo sobre
la mesa que “los inmigrantes de
nuestra región deben tener los mismos
derechos que los madrileños”.
Los Estacio son vecinos de Entrevías.
Pocas horas más tarde, Roberto Guanuche, pintor ecuatoriano de 27 años, fue asesinado a puñaladas en el barrio. Aunque vivía el mismo sueño que los Estacio, su vida no cotizaba en el Parlamento, ni resultó rentable en la prensa: el espacio reservado para él fue un recóndito cuadrito en la página de sucesos. Sus familiares dejaron a los pies del árbol donde cayó muerto una corona de flores en su memoria, acompañada de velas que una mujer se acercaba a mantener despiertas contra el olvido. No duró ni una noche, ya que los efectivos de limpieza del Ayuntamiento borraron cualquier recuerdo de lo ocurrido antes de que saliera el sol. La semana siguiente fue apuñalada otra pareja de ecuatorianos en Entrevías, y la noticia no tuvo la menor trascendencia en la prensa.
Inserción laboral e integración
En el barrio, y fuertemente vinculada
a Vallecas, está la Asociación
Cultural Coordinadora de Inmigrantes
(COIN), nacida en 2001 al calor
del encierro de inmigrantes en la parroquia
vallecana de San Ambrosio.
Su portavoz, Wilfredo Contreras, comenta a DIAGONAL: “La realidad es que aquí venimos a buscar trabajo, y que nadie nos hable de políticas de integración si antes no hay inserción laboral. Un trabajador, ya sea de Bolivia o de Kazajistán, si encuentra un trabajo más o menos digno, se integra. Si no tiene trabajo, ¿cómo se va a integrar?
Le dirán en una reunión: ‘bienvenido, nuevo ciudadano...’, y ya. Y nosotros queremos aportar nuestro granito de arena frente a esta situación”. En su local se ofrecen, a nativos e inmigrantes precarios, cursos de formación laboral, especialmente enfocados al sector de la construcción. En los últimos dos años, unas 600 personas han pasado por los talleres. Contreras destaca lo imprescindible que es, por ejemplo, la formación en seguridad laboral. Cada amanecer, centenares de ciudadanos ‘sin papeles’ se concentran en los grandes escaparates de esclavos de las glorietas de Atocha, Plaza de Castilla, Plaza Elíptica...para jugarse la vida en la ruleta rusa de la construcción sin apenas formación (ni información), y la mayoría de las veces sin cobrar bajo amenazas de ser denunciado y expulsado del país. También son los ecuatorianos los que más accidentes mortales sufren en el tajo. Y ante estas tragedias cotidianas no hay repatriación de los restos mortales del trabajador a su país de origen.
Pueblos arrollados por
mercados desarrollados
COIN cuenta con un gabinete de
asesoría jurídica para informar a los
inmigrantes sobre qué hacer ante
los habituales abusos que sufren.
Contreras nos habla de un caso en el
que presta su apoyo la asociación,
una gran estafa de la empresa
EuroWork Global España, subsidiaria
de la estadounidense EuroWork
Global Limited, que tramitaba contratos
en origen para trabajadores latinoamericanos.
5.300 trabajadores procedentes de Colombia, Ecuador y Perú deambularon a su llegada a España por distintas oficinas durante meses, hasta que se dieron cuenta de que todo era un engaño. “Lo sorprendente es que no se le da cobertura a esa noticia en ningún sitio”, afirma Contreras. COIN simboliza “un intento de autoorganización de los inmigrantes” desde la puesta en marcha de la Ley de Extranjería.
La realidad suena como en las canciones del grupo musical Zebda: los inmigrantes se hacinan en infraviviendas y se levantan antes de que la ciudad abra los ojos para construir los modernos pisos que jamás serán para ellos. En sus barrios nunca reina la paz, porque allá donde no llegan los agentes sociales se hacen efectivos los agentes policiales, y Entrevías posee la más temida comisaría vallecana. Aumenta proporcionalmente el número de inmigrantes y el número de policía secreta en los parques donde el ecuatoriano arrastra su nostalgia con los versos populares que recordara Eduardo Galeano en su Memoria del Fuego: “No se me acerque nadie, háganse a un lado: tengo un mal contagioso, soy desdichado”. En la continuidad de los parques, a las nunca menos cuarto, cada madrugada reponen Babel, mientras algo se resiste a morir dos veces a los pies de un humilde árbol en la calle del Puerto de Balbarán.
Madrid: ¿la suma de todos?
Los datos del padrón
madrileño de 2006
hablan por sí solos:
los barrios con mayor
renta per cápita acogen
los porcentajes más bajos
de ciudadanos extranjeros,
mientras que los
barrios más populares
(con mayor densidad de
población y peores
infraestructuras) son los
que acogen a la inmensa
mayoría de población
inmigrante, que también
es la más pobre.
En Carabanchel viven
250.000 personas, de
las cuales casi el 25% es
extranjera. Similares porcentajes
encontramos en
Villaverde o Tetúan.
En el barrio de San Diego, dentro del distrito de Puente de Vallecas, 13.116 de los 42.426 vecinos son extranjeros (más del 30%), una cantidad que es superior a la población extranjera empadronada en distritos enteros como Retiro o Moratalaz, que sobrepasan de largo los 100.000 habitantes, y no quedan muy lejos de las cifras que absorben distritos mucho más grandes y ricos como Salamanca, Hortaleza o Fuencarral-El Pardo. Entre los distritos obreros de Carabanchel y Ciudad Lineal se juntan 100.000 ciudadanos extranjeros empadronados, en su inmensa mayoría latinoamericanos.