
“El hormigón armado de las casas de L’Aquila [capital regional de Abruzzo] no aguantó porque no estaba hecho según los cánones: en lugar de arena de cantera contenía arena de playa, que no cuesta nada y además está llena de sal que, con el paso del tiempo, se comió el hierro de los cimientos”. Esto declaró en La Repubblica Paolo Clemente, ingeniero del equipo Enea (servicio de protección civil) durante su trabajo entre los escombros de L’Aquila. Por esa razón los edificios de la zona fabricados hace unos 30 años sufrieron la misma implosión, es decir, se deslizaron sobre sus propias bases para luego desmoronarse en el suelo bajo su mismo peso.
“Si el cemento armado hubiese sido hecho según los cánones, no se habría desplomado”, confirmaron los técnicos de la Ance (Asociación Nacional de la Construcción). Por el contrario, ese cemento se pulverizó como harina al sufrir el impacto de una fuerza de aceleración nada irresistible. No en vano el desastre había sido anunciado. De hecho, en 2006 un estudio sobre los edificios públicos, entregado a la región de los Abruzzos por parte de la Abruzzi Engineering, señalaba 137 edificios que tenían “puntos críticos estructurales en el hormigón armado” y que necesitaban la realización de obras de consolidación, entre otros, la Residencia de Estudiantes, muchas facultades universitarias, el Ayuntamiento y el hospital San Salvador, que fueron arrasados o sufrieron graves daños. Cabe resaltar que, a efectos de las leyes antisísmicas, un edificio público no es igual que uno privado: “Los públicos tienen que respetar un coeficiente de protección de terremotos un 40% más alto que los otros edificios” explica Pietro Di Stefano, funcionario de la Proveeduría de las Obras Públicas de L’Aquila.
Sin embargo, el problema tiene otro origen: el barrio más grande de L’Aquila, el Pettino, de 25.000 habitantes, nacido a raíz del Plan General de Ordenación Urbana de 1975, con cientos de casas destruidas, fue edificado por encima de una falla activa, que ya había afectado a la ciudad en 1703. “La opción más tonta era la de proyectar edificios allí arriba”, dice el geólogo Antonio Moretti, profesor de la facultad de Ciencias Ambientales de la Universidad de L’Aquila. “El seísmo actual es gemelo del de 1703. Nunca se edifica por encima de una falla, ni aunque se encuentre inactiva, porque canalizan los movimientos sísmicos. En zonas como aquellas eso tendría que estar totalmente prohibido”. Pero esos terrenos pertenecían a las familias más ricas de la ciudad, los Scassa, los Vittorini, los Berti-De Marinis, y por lo tanto, a pesar de los informes técnicos de los peritos que ya habían avisado del peligro, el barrio Pettino fue edificado allí mismo.
L’Aquila, el G-8 de la crisis]]
Silvio Berlusconi, en un
golpe de efecto de los
suyos, ha desplazado de
Cerdeña a las zonas del
terremoto la reunión del
G-8 que se va a celebrar
en julio. El objetivo es
parar las protestas a su
gestión y buscar consenso.
Los jefes de Estado se encontrarán en un cuartel, en el que incluso se están arreglando los alojamientos, hasta los que va a usar Barack Obama. Los movimientos sociales han tenido que cambiar rápidamente sus programas y ya se coordinan con las redes recién nacidas después del temblor, como la 3.32 y Epicentro Solidario, para preparar las protestas.