DIAGONAL: ¿Cuáles serían para ti
los ejes fundamentales sobre los
que se podría transformar radicalmente
la sociedad de consumo?
TONI LODEIRO: ‘Transformar radicalmente la sociedad’ es un objetivo demasiado pretencioso, pretender eso puede llevarnos a sentirnos fracasados, pues difícilmente lo conseguiremos. Sería ingenuo pensar que vamos a conseguirlo porque usemos menos el coche o por ir a comprar llevando de casa bolsas reutilizables. Los grandes poderes son demasiado poderosos.
Un horizonte utópico no está mal, pero necesitamos objetivos asequibles alcanzables a corto y medio plazo: reducir nuestro consumo de bolsas de usar y tirar, participar por la prohibición de los cultivos transgénicos... Además, querer cambiar el mundo puede llevarnos a actitudes insanas y antidemocráticas. Si nos autonombramos ‘salvadores’ en posesión de la receta de lo que es bueno para el mundo, nos dedicaremos a juzgar, aconsejar, etc., lo que vicia las relaciones personales y la participación política. Para mí, y hablo por experiencia de mi larga lista de errores, es más sabio atender a las propias necesidades y ‘transformar radicalmente’ nuestras vidas para que sean más placenteras, saludables y acordes con nuestros valores.
D.: Fuimos educados en nuestras obligaciones y no en nuestros deseos, ¿es posible reeducarnos?
T.L.: Liberar nuestros sueños y deseos e intentar trabajar haciendo lo que nos gusta o consumir a nuestra manera requiere esfuerzos y valentía para romper con viejos hábitos e inercias. Pero una vez en marcha el proceso, es difícil la vuelta atrás si realmente seguimos ‘un camino con corazón’. La participación política será más saludable si sale desde lo que nos gusta, desde nuestras pasiones y necesidades. Mi pasión es educar para un consumo más consciente, la tuya hacer buen periodismo, la de ella hacer pan ecológico... Y nos unimos porque necesitamos buen transporte público y poder respirar aire limpio, más parques y menos coches, porque no nos gusta que nos jodan los espacios naturales a donde vamos de excursión para construir autovías.
D.: En los países ricos se ha interiorizado la idea de que cuando termina la jornada de trabajo comienza la jornada de consumo. ¿Es posible cuestionar a un nivel profundo las ideas sobre el dios trabajo y el dios dinero?
T.L.: Sí, si nos damos cuenta de que vendiendo el coche –o aguantando con el viejo mientras dure– y viajando a la Sierra de Gredos en vez de a Punta Cana, disfrutamos lo mismo o más y además podemos trabajar menos horas y tener más tiempo para hacer lo que nos gusta. Nuestro fin, lógicamente, es vivir mejor, y vivir con menos puede ser un buen camino para conseguirlo. Para mí una clave es poder vivir de lo que nos apasiona, ¿qué hacemos trabajando 40 horas para Zara, por ejemplo, y luego participando en un grupo ecologista cuatro horas a la semana quitando tiempo a nuestro descanso, amigos, familia...? Pues intentemos vivir de reparar bicis reutilizando material usado –por poner un ejemplo– y ya juntamos dos trabajos en uno, trabajo y ‘militancia’. Por cierto, ¿de dónde viene esta palabra?
D.: Hoy día lo ‘alternativo’ es un valor en alza y los grandes hipermercados intentan apropiarse de conceptos como ‘comercio justo’, ‘eco’, ‘bio’ o ‘natural’. Las cooperativas autogestionarias de carácter anticapitalista resisten, no sin dificultades, desde el apoyo mutuo y la confianza. ¿El imperio acabará devorándose a los irreductibles galos?
T.L.: Los súper y las multinacionales hacen comercio injusto vendan lo que vendan. Al respecto se pueden ver campañas ‘Supermercados no, gracias’ y ‘Espacio por un comercio justo’. Sabiendo lo que sabemos, comprar allí deja de tener sentido, si hemos probado la satisfacción que reporta hacer las cosas ‘de otra manera’.
D.: ¿Es la crisis económica una oportunidad para replantearnos nuestros hábitos?
T.L.: La oportunidad buena es cada vez que sintamos que nos falta tiempo, descanso, placer, que vivimos en un mundo absurdo... que las falsas necesidades ahogan nuestro desarrollo personal. Si la crisis nos ayuda a darnos cuenta, bienvenida sea.
D.: ¿Qué opinión te merecen las ferias de productores ecológicos que, cada vez con más frecuencia, organizan ya no sólo entidades del gremio, sino también ayuntamientos y diputaciones?
T.L.: Muy buena en general, sobre todo si son ferias de productoras locales. Aunque muchas veces ‘todo vale’. Me gustaría que en las ferias ecológicas no hubiese envases desechables, plásticos, productos del quinto pino, empresas oportunistas... Pero confío en que, poco a poco, organizadoras y consumidoras iremos sabiendo distinguir mejor, de entre todo lo que se mete en el saco de lo ‘eco’, qué es lo ‘auténtico’ y cuáles son las ‘falsas alternativas’.
Cuestionarlo todo
“En EE UU, el país
del fast food y el
fast life se calcula
que 20 millones
de personas (las
downshifters) han
dejado sus empleos
‘bien establecidos’ en
busca de tiempo para cuidarse
y cuidar a la gente que
quieren, hacer lo que les
gusta, estar más cerca de la
naturaleza... Insisten en que
menos es más”, explica
Lodeiro. Se trata de optar de
forma voluntaria por la simplicidad,
la vida slow. Su libro
(editorial Txalaparta)
está repleto de
cientos de ideas
prácticas y contactos
para casi
todos los ámbitos
de la vida. Se puede
elegir entre comprarlo o
descargarlo por internet en la
dirección nodo50.org/consumirmenosvivirmejor.
Hay otras
buenas fuentes de fácil acceso,
como la revista Opcions,
también en internet
(opcions.org); la web terra.org
y vídeos como La historia de
las cosas.
Tu grupo de consumo
Cada día más personas
se unen para
formar grupos autogestionados
de
consumo, un acto
que va más allá de
una compra colectiva,
que prioriza lo local en
vez de las relaciones deshumanizadas
del mercado global.
“En la cooperativa de consumidoras
el ambiente no se parece
en nada al de un súper: allí
puedes hacer amigos afines,
fundamental en este ‘camino
vital’. Se organizan fiestas,
excursiones a las fincas (u
obradores) de las productoras:
por ejemplo
a conocer a la
panadera y a
aprender a hacer
pan”, comenta
Toni. Llevar estos grupos
adelante en un
ambiente lleno de trabas y
compuesto por relaciones personales
diversas no es fácil.
“La asunción, y disfrute de al
menos un 20%” de ‘incoherencias’
es necesario para nuestra
salud mental y la de quienes
nos rodean. Se trata de una
carrera de fondo”, añade.
Cosas cotidianas
“En una realidad de
abundancia, nos
mostramos como
unos analfabetos
de las etiquetas de
los alimentos, de
las condiciones de
producción y distribución
de lo que comemos, de
las consecuencias de los
monocultivos, de las sustancias
tóxicas a las que estamos
expuestos cada día, de los
prospectos de los fármacos,
de nuestra educación emocional
y nuestra forma de comunicarnos...”,
señala Lodeiro.
Hay mil y una formas de ahorrar energía en lo más cotidiano: al calentar la casa, al preparar la comida, al viajar en bicicleta y al elegir la energía inagotable de los pasos antes que el ascensor. Y existen más formas aún de no provocar basura: reutilizar las bolsas de la compra, buscar alternativas a los envases y envoltorios contaminantes, reciclar en condiciones, reutilizar muebles, recuperar y reparar cosas.