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Periódico Diagonal

AMÉRICA LATINA | MIENTRAS LA DERECHA PREPARA LA OPOSICIÓN, LOS MOVIMIENTOS EXIGEN CAMBIOS RÁPIDOS Y VISIBLES

Histórica victoria del FMLN en El Salvador

Miguel Villafranca, periodista y observador en las últimas elecciones en El Salvador
Jueves 2 de abril de 2009. Número 99
Después de 20 años de gobierno ultraderechista de ARENA, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) ganó las elecciones en El Salvador.
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EXIGENCIAS. Para los movimientos que apoyan al FMLN llegar al Gobierno sólo es el primer paso de un larguísimo trabajo.

El 15 de marzo, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), la ex guerrilla reconvertida en partido político, ganó las elecciones presidenciales. Con una participación del 62%, el FMLN obtuvo el respaldo de 1.354.000 personas, mientras que 1,2 millones de votantes optaron por el partido ultraderechista ARENA, en el poder desde hace 20 años.

Desde los primeros recuentos, se comenzó a vislumbrar la victoria del FMLN. Las tempranas celebraciones y la inmensa alegría de los seguidores del Frente contrastaban con las caras de derrota y la desaparición paulatina de los militantes de ARENA. Hasta el último momento nadie sabía cuál sería la respuesta de la ultraderecha gobernante, ante los temores de que no asumieran la derrota. El FMLN no tardó en declararse ganador y el periodista Mauricio Funes se proclamó presidente. Los salvadoreños eligieron y, sorpresivamente para muchos, la derecha asumió su derrota. El miedo fue vencido. Tras la campaña y las elecciones, la normalidad volvió al país. Una normalidad sólo aparente, ya que los empresarios comienzan a asociar la crisis internacional con el nuevo gobierno y amenazan con despidos masivos. La prensa continúa, por su parte, con su constante campaña basada en el miedo y en las “posibles alianzas” con Hugo Chávez, Irán y el “terrorismo internacional”.

De la misma forma que sucede con otros gobiernos progresistas de América Latina, el FMLN tendrá que enfrentar los intentos desestabilizadores de una de las derechas más reaccionarias del continente, que no sólo posee todo el poder económico y mediático, sino que también cuenta con el apoyo de las multinacionales y EE UU, aunque en esta ocasión Washington haya optado por una vía aparentemente conciliadora.

El Gobierno del FMLN tendrá que enfrentar numerosos desafíos internos. No se han hecho esperar las presiones de la banca y de los sectores más privilegiados, “dispuestos a colaborar”, según sus mismas palabras, siempre “que se disponga un gabinete de Gobierno que no nos disguste”. De fondo, la conservación de sus privilegios, las exenciones fiscales y el escaso control fiscal sobre sus grandes fortunas.

Acuerdos y desacuerdos
La actual búsqueda de acuerdos, pactos y alianzas definirá la verdadera política económica y social del nuevo presidente, Mauricio Funes. Su visita al presidente brasileño, Lula, apenas unos días después de la victoria, puede dar algunas pistas. Por su parte, Thomas Shanon, secretario de Estado para el Hemisferio Occidental, transmitió directamente al presidente electo su apoyo, siempre que el Gobierno de El Salvador dé las “señales adecuadas”, un discurso semejante al de la élite local. ARENA hará todo lo posible por conseguir un distanciamiento entre Funes y el FMLN, atrayendo al presidente a una posición socialdemócrata manejable, amenazando con dificultar su administración si es el FMLN quien impulsa las medidas de reformas pendientes.

Al mismo tiempo, entre las organizaciones sociales se han creado expectativas de que un Gobierno del FMLN no sólo no persiga ni ponga tantas trabas administrativas a los movimientos, sino que incluso pueda facilitar su trabajo y permitir avances sociales.

Un importante sector de la población espera y exigirá al Gobierno de Mauricio Funes cambios rápidos y visibles y difícilmente se avendrá al retraso de las mejoras que tanto ansían y necesitan. Esto, sin duda, será aprovechado por la ultraderecha de ARENA en su constante campaña sucia y venidera desestabilización social, de cara a ganar las próximas elecciones. Pero en El Salvador nadie se confía, y menos los sectores campesinos y los desfavorecidos.

Las organizaciones sociales saben que el FMLN no lo tiene fácil. Más allá de que el FMLN no controla la mayoría en el Senado, las relaciones de poder se mantienen intactas. Entre los movimientos existe un cierto consenso: llegar al Gobierno sólo es el primer paso de un larguísimo trabajo para construir una verdadera sociedad democrática. Por eso, todos los colectivos inciden en la continuidad de sus trabajos sociales y comunitarios y en una eficiente y necesaria fiscalización de las acciones de este nuevo Gobierno desde los movimientos sociales.


Desigualdades sociales
Las desigualdades en El Salvador vienen de la mano de un sistema empresarial que no respeta los convenios laborales, alarga las jornadas, reduce los salarios y las prestaciones en la mayoría de la pequeñas y medianas empresas, así como en el servicio doméstico y las maquiladoras, donde se dan innumerables casos de abusos hacia las mujeres por parte de patrones y encargados. De nuevo, un Ministerio de Trabajo ineficiente, incapaz de regular el sector o de sancionar los delitos laborales empresariales, al tiempo que dificulta al máximo la labor de los sindicatos.


Problemas estructurales
Este nuevo Gobierno hereda graves problemas estructurales, comenzando por las pendientes reformas de todo el sistema electoral y del personal del Tribunal Supremo Electoral. El mismo problema se repite en todos los ministerios públicos, empezando por el de Justicia y por la Policía Nacional Civil, plagados de una ineficiencia y corrupción que se constata con la impunidad delictiva reinante: el 96% de los asesinatos (entre 12 y 19 diarios en los últimos meses) no termina en condena, si es que se llegan a investigar y a juzgar. La violencia es una lacra y la administración de justicia no cumplió su papel en los pasados gobiernos de ARENA.


Cambios, pero sin pasarse
Mauricio Funes, un independiente en las listas del FMLN, se enfrenta al desafío de gobernar El Salvador “con todos”, según sus palabras. Su fama de honestidad y su discurso sobre la exclusión le acercaron al FMLN. Como vicepresidente le acompañará Salvador Sánchez Cerén, ex comandante de la guerrilla y firmante de los Acuerdos de Paz. “Los salvadoreños votamos por el cambio, y el cambio vendrá. Un cambio seguro, con estabilidad, sin ruptura del sistema económico y jurídico del país, pero con cambios profundos en el modelo de la gestión pública, de la transparencia, de la participación y de la justicia social”, dijo Funes en el discurso de la victoria.

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Portada número 174
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Boletín radiofónico Diagonal 150
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