
Tanto el Gobierno como la oposición tienen razones para hacer una lectura positiva de las elecciones. Hugo Chávez por el hecho de que sus candidatos han triunfado en 17 de las 22 gobernaciones en juego y recupera cuatro de los cinco estados disidentes (ganados por candidatos chavistas y que luego pasaron a la oposición). Además, su partido, el PSUV, logra la victoria en 263 de las alcaldías en juego, es decir un 80,67%. Otras 14 van a partidos que apoyan el proceso bolivariano. La oposición pierde casi la mitad de sus alcaldías; apenas logra 48 frente a las 85 que consiguió en 2004. Los votos del oficialismo suben un 20% con respecto a los del referéndum para la reforma constitucional, que Chávez perdió por un 0,57% de los votos.
Notable recuperación puesto que hace diez meses algunas encuestas fiables daban 12 gobernaciones chavistas frente a diez opositoras. Por su parte, la oposición suma tres Estados más y consigue el control de algunas de las zonas más representativas económicamente: la región más industrializada (Carabobo), la más turística (Nueva Esparta, que está en Isla Margarita),el Estado con más habitantes (Miranda), cuatro de las cinco alcaldías que conforman la capital del país (la Gran Caracas), la zona más rica en petróleo (Zulia) y la andina Táchira (las dos últimas suman 2.400 km de frontera colombiana con fuerte presencia paramilitar). La oposición también arrebata al oficialismo la alcaldía de San Cristóbal y la de Maracaibo. Esta última victoria es muy significativa: Manuel Rosales, líder de la oposición (actualmente investigado por corrupción) y hasta ahora gobernador de Zulia, consigue la alcaldía, mientras que el anterior alcalde chavista de Maracaibo es derrotado en su aspiración de ser gobernador.
La cobertura de los medios españoles apuntó a una victoria de la oposición, con importantes errores e imprecisiones. El País, entre otros medios, informaba equivocadamente de que resultaron opositoras las alcaldías de Maracay y Valencia. Esta última, tercera ciudad del país y capital de Carabobo, de hecho, pasa al chavismo. Igualmente, el mayor puerto del país, Puerto Cabello, que está situado también en ese Estado permanece en manos chavistas.
La confusión también ha rodeado los resultados sobre la Gran Caracas, que está regida por un confuso sistema institucional donde coexisten cinco alcaldías. En los medios se ha confundido la Gran Caracas con la alcaldía metropolitana, donde efectivamente ha ganado el ex alcalde Ledesma, miembro destacado en el golpe contra Chávez de 2002. El otro gran municipio de la Gran Caracas, Libertador, quedó en manos oficialistas. Asimismo, matiza este resultado el hecho de que en la votación para concejales de la alcaldía metropolitana el PSUV logró una contundente victoria.
La simbólica victoria de Ledesma sobre el carismático chavista Aristóbulo ha sido interpretada como un voto de castigo contra el anterior alcalde, acusado de corrupto. Esta acusación se extiende sobre Diosdado, ex gobernador de Miranda, cuya designación despertó controversia en el PSUV. La misma noche electoral los ganadores advirtieron de que realizarían exhaustivas auditorías. Que sea la oposición quien ejecute una depuración de responsabilidades por corrupción puede ser demoledor para un chavismo incapaz hasta ahora de dar respuesta a las voces que demandan contundencia contra los líderes corruptos.
Ésta podría ser una de las razones por las que Chávez ha decidido adelantar a febrero la propuesta de reforma constitucional, sobre el artículo que limita a dos los mandatos presidenciales.