
Desde el 6 de diciembre Grecia vive una situación con muchas características de una revuelta social. Como en casi todos los casos en los que se produce una explosión espontánea de rabia o de creatividad, resulta difícil encontrar las causas directas por las que en un momento dado muchas personas, en muchos lugares al mismo tiempo, abandonan su condición de consumidores, espectadores, víctimas de abusos o explotaciones y salen a la calle para denunciar no tanto un hecho aislado, sino esta misma condición en la que se encuentran.
Hay que hablar en primer lugar de la Policía, el nefasto protagonista de estos días. En los últimos años –y, sobre todo, después de los Juegos Olímpicos–, la presencia de la Policía se ha hecho mucho más visible. Como un Ejército de ocupación, una Policía militarizada vigila día y noche el centro de Atenas y, sobre todo, el histórico y combativo barrio de Exarjia. No sería exagerado decir que en ella perdura una mentalidad fascista y de odio hacia el ‘enemigo interno’, que data de la dictadura (1967-1973) e incluso de la guerra civil (1946-1949). Se ha demostrado que muchos policías son miembros de organizaciones de extrema derecha. Otros, más moderados, mantienen una relación de compañerismo con neonazis, concretada en operaciones conjuntas que a menudo realizan contra activistas e inmigrantes, algo que se ha dado también estos días en Atenas y otras ciudades del país. Ha sido precisamente esta sensación de impunidad y de odio hacia lo diferente lo que llevó a un policía a asesinar a un alumno de 15 años que osó insultarle o tirarle alguna botella de plástico. Lo que llevó a otros compañeros suyos a fingir disparar a los manifestantes, justo unas horas después. A echar gases lacrimógenos en su funeral y cargar contra la gente allí reunida.
El asesinato de Alexis fue para los jóvenes el colofón del desprecio con que el Estado y su sistema educativo les trata. Si ellos y ellas, la juventud, son el actor principal de la revuelta, es porque se ven identificadas con Alexis. Sienten que podrían estar en su lugar. Y se sienten asfixiados en una escuela pública cada vez más desprestigiada, con un currículo intensivo y vacío de significado que selecciona a los ‘aptos’ para la educación superior y expulsa a los demás. Sin tiempo y espacios libres, saben que aunque consigan entrar en la universidad, agotados y habiendo perdido toda su creatividad, les está esperando un mercado voraz y un futuro precario.
Junto a ellos, los estudiantes universitarios ocuparon las universidades como continuación de la larga lucha iniciada en 2006, cuando durante casi un año se movilizaron para impedir que se permitiera la creación de universidades privadas. Tras sufrir muchos golpes, detenciones y difamaciones por parte de los medios, consiguieron que no se modificase la Constitución para permitir universidades privadas en Grecia. Posteriormente la Corte Europea obligó al Estado a reconocer los diplomas otorgados por universidades privadas extranjeras con sucursales en Grecia. Esta vez los estudiantes se están coordinando para denunciar la política represiva y frenar el proceso de Bolonia y el abandono de la educación pública.
Crisis y descrédito de la política
Más de una persona podría pensar
que la crisis económica es el impulso
principal que nutre las protestas. Sin
embargo, esta crisis todavía no se ha
hecho sentir tanto, al menos en forma
de recesión o despidos masivos,
como en otros países. Y la razón es
que en Grecia las capas medias y bajas
llevan sufriendo la estrechez económica
más de una década. Primero
fue el ajuste estructural para entrar
en la zona del euro, con las privatizaciones
y el congelamiento de los salarios,
y luego fue el aumento de los
precios, la especulación y el masivo
endeudamiento bancario. No es la
desesperación que trae consigo la
crisis económica la que hizo que las
protestas crecieran, sino más bien la
falta de legitimidad de un sistema
que se está desmoronando.
Esta falta de legitimidad se ha hecho
aún más evidente por los casos
de corrupción –un fenómeno endémico
de la vida política griega– que
han sido revelados. El más reciente
implica la escandalosa cesión de valiosas
extensiones de tierra a la
Iglesia, que luego han sido vendidas
para aumentar su ya enorme fortuna.
Otro escándalo tiene que ver con
el botín que se ha hecho con los fondos
de la Seguridad Social, justo
cuando trataban de convencer a la
población de la inviabilidad del sistema
actual y de la necesidad de reformarlo.
Algo que consiguieron hacer el año pasado. La lista de los escándalos es larga e implica tanto al partido Nueva Democracia, de derechas, que gobierna desde hace cinco años, como al PASOK, socialdemócrata, que estuvo casi 20 años en el poder. A primera vista, estos son algunos de los factores que han incidido en la explosión social que se vive estos días en todo el país. Lo particular de esta revuelta, aparte de englobar a diferentes sectores y de ser legítima para gran parte de la población, es que supera los límites de la protesta y prefigura un tipo de organización distinto y nuevo. Lo más importante es que no hay nadie que la hegemonice. Todos, o casi todos, los grupos anarquistas y de izquierdas están involucrados en las acciones que se están llevando a cabo, pero éstas son tan espontáneas, horizontales y variopintas que rebasan su capacidad de organización.
Quizás el hecho más relevante es que se han creado nuevas formas de organización. Ellas reúnen a vecinos, a padres de familia y a gente de varias procedencias que, teniendo como punto de referencia ocupaciones de universidades o de edificios municipales, parten de lo inmediato, exigiendo castigo para los asesinos y liberación de todos los presos, para abordar temas más generales. El desenlace de esta revuelta, como de todas, es imprevisible. Es cierto que ha servido para generar a amplios sectores un profundo cuestionamiento de la actual forma de organización social. Queda ver a qué nivel la creatividad de las personas aportará alternativas y nuevas formas de relacionarnos.
La rabia de la juventud
ELPIDA NIKU (ALANA)
La noticia de la muerte de
Alexis corre rápido. La gente
se enoja. Pero no es sólo
un enojo. Es una rabia acumulada.
Una rabia que ya quiso salir
a las calles y arrastrar todo lo que
hay en ellas. Y salió. Y lo arrastraron
todo. Arrastraron la mala educación,
la falta de empleo, la inseguridad del
futuro, el presente que nos oprime,
el pasado que se olvidó, la impunidad
de tantos casos de abuso policial,
las humillaciones sufridas por
ser jóvenes y ser diferentes. Arrastraron
los lujosos anuncios, espejos
de una vida encarcelada dentro de
las cuatro paredes del trabajo, de la
escuela, de la universidad...
El Gobierno de derecha tocó los
límites de la tolerancia eliminando
aún más los derechos laborales, el
derecho a la salud, a la educación, a
la vivienda, a la vida misma y reprimiendo
a los que gritan con toda su
fuerza que no debe ser así.
Nos están quitando la vida a diario
y el asesinato de Alexis fue la gota
que quebró y explotó el vaso de la
tolerancia y del silencio. Ya nada va
a ser igual aquí para todas nosotras.
Lo que vivimos estos días en Grecia
es una revuelta juvenil, de jóvenes
de 14, de 15 y de 16 años de edad. Es
una revuelta de jóvenes que sintieron
que su vida está en riesgo: “Ya
mataron a uno de nosotros, ¿quién
va a ser el siguiente?”.
Después de la primera expresión
de esta rabia acumulada vino la organización
espontánea de la juventud.
Más de 700 escuelas secundarias
en todo el país fueron ocupadas,
igual que muchas universidades, y
ya existe una coordinadora de acciones
de estudiantes y alumnos.
Todos los días alumnos y alumnas
de Secundaria llegan a diferentes sedes
de la Policía, en más de 50 ciudades
del país, las rodean, gritan a
los policías, les tiran piedras, queman
sus coches, se enfrentan a ellos
a diario en las calles sin pensar en el
riesgo ni en las consecuencias.
Fuera del Congreso del país, una
joven está conversando con un policía
en un momento de calma, preguntándole
por qué golpean a los
alumnos. El policía le pregunta
cuántos años tiene. Ella contesta que
tiene 18. El policía se ríe y le dice que
ya cambiará de ideas cuando tenga
40. Y la joven de 18 le contesta: “O
sea que cuando tenga 40 años y maten
a un niño de 15 a mi lado, ¿yo me
voy a quedar callada?”.
El ‘punctum‘ de la revuelta
EUGENIA APOSTOLOU (ALANA)
Todavía todo es una
imagen. Es como una
imagen que empieza a
pintarse desde el sábado
6 de diciembre por la noche,
cuando corrió la noticia del asesinato
de Alexis Grigoropoulos.
En La cámara lúcida, Roland
Barthes dice que en cada imagen
hay un punto donde se concentra,
según la interpretación de cada
uno, toda la fuerza y la tensión
de la imagen, de la foto: el punctum.
En la imagen que se pinta
en esos días en Grecia hay cuatro
momentos punctum que
muestran la profundidad invisible
de esta rabia que estaba latente
y de repente estalló.
Primer momento: domingo 7 de
diciembre tarde-noche. Desde internet
y móviles se teje un invisible
tejido de comunicación entre
miles y miles estudiantes de
Secundaria en toda Grecia. Nadie
se da cuenta. El hecho es que el
lunes en la madrugada los institutos
están cerrados. Sin asambleas,
sin cualquier centro organizativo,
sin la intervención de organización
política alguna, miles y
miles de estudiantes de Secundaria
están en las calles autoorganizados.
Bloquean calles y carreteras
y enfocan toda la rabia que
les provoca el asesinato de Alexis
contra las sedes locales de Policía.
No queda casi ni una comisaría
que no esté bloqueada por estudiantes
de Secundaria lo mismo
en ciudades pequeñas, pequeñísimas
y de barrios de Atenas y de
Salónica que no han conocido
nunca a lo largo de su existencia
una manifestación o algo parecido
a ello. Y amanecen con sus
hijos y sus hijas fuera de las comisarías,
quemando los coches patrulla
o tirando naranjas, piedras,
huevos y pinturas a los edificios
de las fuerzas del orden. Son jóvenes
de 13, 15 o 16 años que enfocan
su rabia hacia ese objetivo.
Segundo momento: martes por
la noche. Los noticiarios de las televisiones
ya no saben qué decir
primero y qué segundo. Todos los
centros de las ciudades de Grecia
son devorados por las llamas.
Una información sobresale: en
un suburbio de Atenas, donde viven
gitanos, 600 de ellos ocuparon
el cuartel policial, le prendieron
fuego e hirieron con escopetas
a dos gendarmes.
Tercer momento: martes por
la noche. En 23 cárceles del país,
todos los presos se niegan a cenar
en señal de apoyo y solidaridad
con la revuelta.
Cuarto momento: después de
las provocadoras palabras del
abogado que defiende al policía
asesino, diciendo que Alexis murió
a causa de una bala perdida,
los estudiantes de Secundaria
vuelven a cerrar las escuelas. Los
jóvenes en Atenas y en el resto de
Grecia cercan, respectivamente,
25 y 20 sedes de Policía. Los muchachos
cortan el tránsito de 20
avenidas y ocupan 190 secundarias
en Grecia. La mayoría de las
universidades no tienen clases. En
unas 20 ciudades los bancos y las
tiendas de lujo son consumidas
por el fuego.
Cuatro momentos punctum
que muestran la profundidad de
una rabia acumulada, una rabia
que aguardaba su momento, que
va mas allá del asesinato de
Alexis, mas allá de las llamas
que iluminaron Grecia y la hicieron
visible los últimos días. Pura
rabia, rabia justa.
Estado español: siete manifestantes en prisión por “alarma social”
SERGIO PUENTE
Desórdenes públicos, atentado a la
autoridad y daños por valor de
24.000 euros. Estos son los cargos a
los que podrían enfrentarse las siete
personas detenidas en Madrid el 10
de diciembre, tras una manifestación
en solidaridad con las movilizaciones
griegas. El clima de enfrentamiento
en el país heleno ha extendido
las protestas solidarias a diversas
ciudades europeas como Berlín y
Londres, donde los edificios diplomáticos
griegos fueron ocupados por
activistas. En Barcelona, el 10 de diciembre,
700 personas marcharon
por el centro de la ciudad, hasta que
finalmente fueron disueltas por las
cargas de la policía, que realizó dos
detenciones. Ambas personas fueron
puestas en libertad en 48 horas
con cargos por desórdenes públicos.
Ese mismo día, un grupo de activistas
se concentró ante la embajada
griega en Madrid en repulsa por el
asesinato a manos de la policía del
joven Alexandros Grigoropoulos.
Horas más tarde, medio millar de
personas salían a las calles de la capital
para “rendir homenaje a Alexandros”.
Durante la marcha se produjeron
duras cargas policiales que
dejaron varios manifestantes heridos
y nueve detenidos (dos de ellos, menores,
ya están en libertad). La juez,
tras tomar declaración a los siete
adultos, decretó prisión preventiva
sin fianza para todos ellos, basándose
en el ambiguo supuesto de “alarma
social” y en el de “reiteración delictiva”.
Las penas podrían alcanzar
los siete años de cárcel. Por su parte,
los abogados de los detenidos interpusieron,
el día 15, un recurso en los
juzgados de Plaza de Castilla pidiendo
su libertad inmediata. En él alegan
que la “alarma social” carece de
fundamento jurídico, y que la “reiteración
delictiva” no se da en ninguno
de sus defendidos. Al mismo tiempo,
eran presentadas en dichos juzgados
150 denuncias por malos tratos policiales
a los detenidos. Como apoyo a
éstos ha nacido la Asamblea de Solidarixs
con Grecia, que denuncia en
su página web (solidariosgrecia.org)
la “arbitrariedad de las detenciones”
tras los incidentes ocurridos al finalizar
la marcha. Esta misma asamblea
ha convocado a una nueva manifestación
el día 27 de diciembre para
“exigir la libertad inmediata de
todxs los detenidxs por el conflicto
social en Grecia”.
IMÁGENES DE UNA REVUELTA Por K. P.
Universidades
Desde el día del asesinato
de Alexis Grigoropoulos,
se han ocupado las
tres universidades que
están en el centro de
Atenas y sirven como
centros de coordinación.
Hay además unas 200
facultades ocupadas en
todo el país.
Institutos
En unos 750 institutos se
han suspendido las clases,
ya sea porque están ocupados
por los alumnos, o porque
éstos se niegan a entrar
a clase. En algunos casos
organizan junto con sus profesores
actividades alternativas
como charlas, proyecciones
de películas, etc.
Huelga general
Fue coincidencia que la huelga general,
convocada para denunciar la política
económica, fuera cuatro días después
del asesinato. Cediendo a la propaganda
del miedo, la Confederación General
de Trabajadores decidió no marchar ese
día. Por eso y por su reticencia a declarar
otra huelga, su edificio ha sido ocupado
y convertido en centro de encuentro
e información de los trabajadores.
Medios ocupados
Se han efectuado numerosas ocupaciones
temporales de radios y
de cadenas de televisión, hasta
de la propia televisión estatal.
Durante ellas se pasa todo lo que
los medios tratan de ocultar. Asimismo,
se han ocupado ayuntamientos
y edificios municipales,
en los que se están realizando
asambleas populares.
Comisarías
Una de las principales formas de
protesta es el ataque a las
comisarías de Policía. En un día
hubo en Atenas unos 24 ataques.
Ha habido también muchas manifestaciones,
en las que han participado
decenas de miles de personas. No
obstante, los medios enfocan en los
incendios. La mayoría son de bancos
o de empresas multinacionales.
Detenidos
El objetivo del aparato represivo
parece que es golpear y
aterrorizar a los más débiles.
De ahí que las manifestaciones
de los alumnos sean
enfrentadas con brutal violencia
y que los menores formen,
junto con inmigrantes,
gran parte de los más de
240 detenidos.
ALGUNOS ANTECEDENTES
1965, SOTIRIS PETROULAS
Sotiris Petroulas, un estudiante de Económicas de 23
años fue asesinado por la Policía durante una protesta
antimonárquica. El descontento social que creó su
muerte fue uno de los factores que desencadenaron
el golpe de Estado ‘de los Coroneles’ en 1967.
1973, LA REVUELTA EN LA POLITÉCNICA Y LA CAÍDA DE LA DICTADURA
El 14 de noviembre de 1973, en los últimos coletazos de la
‘dictadura de los Coroneles’, los estudiantes de la Politécnica
se encerraron en el campus entre barricadas. El 17 de
noviembre el Gobierno militar entró en el campus con un tanque,
abriendo fuego indiscriminado contra los civiles que apoyaban
la protesta y causando al menos 24 muertos. La desproporcionada
acción militar despertó una oleada de indignación
y protestas populares. Fue el fin del levantamiento, pero
también la sentencia de muerte de la dictadura. Desde entonces
la Policía no puede entrar en los campus universitarios.
2006-2007, REVUELTA ESTUDIANTIL
La intención del Gobierno griego de derogar el artículo 16 de la
Constitución que prohíbe las universidades privadas provocó innumerables protestas de decenas de miles de estudiantes durante casi un año, con ocupaciones de hasta 300 centros, decenas de heridos y detenidos. Los estudiantes consiguieron paralizar la derogación del artículo.