Las movilizaciones contra el G-8 en Escocia arrancaron el sábado 2 de julio, con la marcha masiva Make Poverty History, una campaña lanzada por una coalición de ONG, utilizada como recurso de imagen por el presidente Tony Blair, quien no tuvo ningún problema para asegurar que iba a llevar la voz de los manifestantes a la reunión de Gleneagles. “Estamos todos en el mismo barco”, aseguró entonces.
Un día después, cientos de activistas recorrieron las calles de Glasgow visitando lugares relacionados con las deportaciones y la persecución contra los migrantes en un ‘tour’ llamado Make Borders History (Hagamos que las fronteras sean historia).
El lunes 4, los manifestantes bloquearon la base de submarinos nucleares de Faslane desde primeras horas de la mañana sin que la policía intentara desalojar a los activistas que cortaban las vías de acceso pacíficamente.
El miércoles 6 de julio, al mismo tiempo que se inauguraba la cumbre del G-8 en el hotel de lujo de Gleneagles, comenzaron las acciones para impedir el normal desarrollo de la cumbre. En este sentido, se bloquearon los hoteles de los delegados en Glasgow y Edimburgo y se cortó la autopista que une estas ciudades con el hotel donde se realizaba la cumbre. Las horas previas fueron especialmente tensas: los bloqueos partían del ‘centro de convergencia rural’ que se había habilitado a las afueras de Stirling, un pueblo situado a pocos kilómetros del hotel. Más cercano a Gleneagles estaba el pueblo de Auchterarder, donde G8 Alternatives (una coalición de ONG y partidos de izquierda) convocó una marcha pacífica cuyo recorrido, pactado con la policía, pasaba junto al anillo de vallas que protegía al hotel.
En el centro de convergencia rural se desarrollaron diversas formas de actuación para bloquear la cumbre. Por una parte, desde el anochecer del día anterior salieron del centro de convergencia pequeños grupos que, literalmente, se ‘echaban al monte’, pasando la noche ocultos en los bosques cercanos a la autopista hasta las 7 de la mañana, hora en la que debían ‘saltar’ para cortar la ruta. Por otra parte, a las 4 de la madrugada saldrían del centro de convergencia dos grandes bloques de cientos de activistas para marchar hasta la autopista y bloquearla.
De estos dos bloques, sólo uno conseguiría llegar a la autopista y cortarla a eso de las 6 de la mañana, después de dos horas de marcha esquivando al ejército de antidisturbios desplegado por la zona. El segundo bloque, en el que se encontraba un nutrido grupo de madrileños, fue fácilmente controlado por la policía, que les empujó de vuelta a las afueras de Stirling, donde grupos de afinidad dispersos realizaron sabotajes contra multinacionales como McDonald’s, Burger King o Pizza Hut, rompiendo a pedradas las vidrieras de sus locales.
Tras restablecer el tráfico en la autopista, furgones de policías controlaban los kilómetros que separan Stirling de Auchterarder a la espera de los manifestantes que debían saltar desde el bosque. Aunque muchos de ellos fueron controlados por la policía antes de poder cortar el tráfico, la mayoría consiguió el objetivo deseado, creando un auténtico caos circulatorio.
Al mismo tiempo, empezaban los intentos de bloqueo en las ciudades. En Glasgow, la policía no tuvo demasiados problemas para evitar que los activistas llegaran cerca de los hoteles de los delegados. Más trabajo tuvieron los antidisturbios en Edimburgo, donde cientos de activistas consiguieron llegar a las puertas del hotel donde se alojaban los delegados japoneses.
Entre las 9 y las 10 de la mañana, la policía prohibió la manifestación pacífica de Auchterarder utilizando como excusa los enfrentamientos matutinos en Stirling. En Edimburgo, cientos de activistas fueron retenidos en sus autobuses, mientras la estación de tren de Stirling era tomada por la policía. Tras una hora de tensión y negociaciones entre los organizadores y la policía, la prohibición fue levantada y los autobuses de Edimburgo pudieron salir.
Los antidisturbios fueron trasladados como refuerzo desde Stirling a Auchterarder en helicópteros militares de transporte de tropas, en una imagen especialmente impactante que ha sido muy difundida por los medios. Aun así, cuando la manifestación llegó al anillo de vallas la tensión no hizo más que crecer. Los participantes de la protesta no quisieron dar la vuelta. Cuando un grupo se lanzó corriendo contra las vallas, fueron muchos los que los siguieron.
La primera línea de vallas no tardó en caer. Los activistas la traspasaron y se encararon decididos con la segunda valla, pero antes de que consiguieran derribarla, una contundente actuación de los antidisturbios los obligó a retroceder. En total, unas 400 personas fueron detenidas en las protestas del día 6. En los dos días siguientes la gran mayoría fue puesta en libertad.
La protesta de los ricos
La iniciativa Live 8, capitaneada por músicos como Bono o Bob Geldof, hizo buenas migas con los mandamases reunidos en Escocia, especialmente con el primer ministro británico Tony Blair. Mientras el actor Will Smith hacía chasquear los dedos a los asistentes del concierto como recordatorio de que cada tres segundos muere un niño en África, Geldof tildaba a los manifestantes que se enfrentaban con la policía de “idiotas”. Michel Chossudovsky, director del Centro para la Investigación sobre la Globalización, señala que Live 8 “arrojará beneficios enormes para Time Warner, Ford, Nokia y EMI Music”.