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Periódico Diagonal

ASIA CENTRAL | EE UU REFUERZA SU PRESENCIA MILITAR Y ANUNCIA QUE AL MENOS 20 ALIADOS ENVIARÁN REFUERZOS A AFGANISTÁN

Obama manda más tropas al abismo afgano

Miguel Ángel de Lucas / Redacción
Jueves 5 de marzo de 2009. Número 97
Desde 2002, EE UU y la OTAN triplicaron sin éxito sus tropas. La insurgencia se extiende al 72% del país y Afganistán se hunde entre la corrupción y el narcotráfico. Obama anuncia una nueva estrategia, pero persiste el enfoque militar.
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TROPAS FUERA. Protesta contra la guerra de Afganistán en Toronto, Canadá, el 15 de marzo de 2008.

Son 17.000 nuevos soldados. Con este refuerzo, anunciado por Obama el pasado 19 de febrero, Estados Unidos llegará a tener del orden de 55.000 soldados en Afganistán. A ellos se suman los 30.000 de la Fuerza Internacional de la Asistencia a la Seguridad (ISAF), la misión en la que participan los países de la OTAN. En total suman más de 80.000 militares sobre el terreno. Se trata de la mitad de efectivos que el Ejército soviético desplegó en la década de los ‘80, y que tampoco le garantizaron el control de este país centroasiático.

Los rebeldes afganos tienen bastante experiencia a la hora de rechazar a las potencias extranjeras. Y también motivos históricos para desconfiar de imperios que afirman traer consigo una civilización superior. Por el actual Afganistán pasaron, en general con poco éxito, los ejércitos de Darío de Persia, Alejandro Magno, Gengis Khan, las tropas de la Inglaterra victoriana, la Rusia zarista y la Unión Soviética. Ahora el país se ha convertido en un quebradero de cabeza para la OTAN.

Después de ocho años, ninguno de los objetivos declarados al comienzo de la invasión en 2001 ha llegado a cumplirse. La comunidad internacional no considera que se haya eliminado la actividad terrorista con base en el país, y tampoco se ha conseguido crear un Estado viable al margen de los talibán. En 2007, un informe del Consejo de Seguridad de la presidencia de Estados Unidos llegaba a una conclusión difícil de aceptar: EE UU y la OTAN están perdiendo. Los indicadores son contundentes. Si se miran algunos datos, hablar de “progreso” es algo que más bien suena a sarcasmo. En Afganistán, según datos de Justicia i Pau, existen más de 850 grupos armados. El Gobierno es incapaz de controlar el territorio, y la presencia de los talibán y la insurgencia se extiende al 72% del país.

Entre militares, políticos, y analistas ha comenzado a especularse sobre si Afganistán podría convertirse en el Vietnam de la OTAN. Robert Matthews, analista de la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior, lo explica con una frase: “La idea es que Estados Unidos podría recuperarse de una derrota, la OTAN no”. De algún modo, la Alianza atlántica se juega en el frente afgano su razón de existir. Creada con el fin de parar los pies a la URSS durante la guerra fría, la OTAN ha sobrepasado con creces su propósito inicial (cabe preguntarse cómo algo llamado Organización del Tratado del Atlántico Norte opera hoy en el centro de Asia), y desde hace décadas busca legitimar su sentido con cada nueva misión.

La misión de Afganistán es, de hecho, una muestra de esa personalidad cambiante. El despliegue de la ISAF se decidió en 2001 y se puso en marcha en 2003 a las órdenes de la OTAN, con un mandato inicial de reconstrucción y “mantenimiento de la paz” de forma paralela a la operación ‘Libertad Duradera’ de combate contra los talibán por parte de EE UU y Gran Bretaña. Pero desde hace tiempo esto tampoco es así. En octubre de 2006 la ISAF asumió la responsabilidad de la seguridad en todo Afganistán. Como resultado, el despliegue de las tropas en el sur del país supuso entrar en combate abierto con los insurgentes. “Estados Unidos ha conseguido, mal que bien, que la ilegalidad de la operación Libertad Duradera se tape un tanto merced a la legalidad que ampara a la ISAF”, escribía entonces el profesor de Ciencia Política, Carlos Taibo, quien al igual que expertos en Derecho Internacional ha puesto en duda el carácter legal de la guerra.

Pero los problemas no han sido sólo de orden jurídico. Algunos países de la OTAN ya han anunciado su intención de abandonar el país. El año pasado Canadá anunció su retirada para 2011, una decisión tomada tras la fuerte presión pública causada por el alto número de bajas canadienses (108 militares y cuatro civiles) y las imágenes de combates abiertos con la insurgencia. Otro tanto ocurre en Holanda, donde la presión pública llevó al Gobierno a anunciar que abandonará el país en 2010.

Con Obama todo es más fácil
Para frenar esta tendencia, tras la llegada a la presidencia de Barack Obama, se ha insistido en la necesidad de lo que se ha llamado la “nueva estrategia” en Afganistán. En esta línea figura un mayor peso de la reconstrucción (hasta ahora se ha destinado un dólar a usos civiles por cada 11 a fines militares) y una mayor colaboración de los países de la región. (Así, este 11 de febrero, Rusia afirmó que ofrecería su infraestructura militar a la OTAN).

En esta nueva etapa, el encanto que despierta Obama entre los gobernantes europeos facilita “una colaboración mayor” de sus aliados. Frente a las discrepancias que podía haber con Bush en la Casa Blanca, el anuncio de nuevos soldados fue esta vez aplaudido por todos los socios. Alemania e Italia han sido los primeros en sumarse a la llamada, y sus gobiernos enviarán respectivamente 600 y 500 nuevos soldados. No serán los únicos. Según afirma el secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, “en estos días, 19 o 20 países han anunciado que aumentarían su presencia, ya sea en los sectores civil, militar o de la formación”.

Según Robert Matthews: “para que la nueva estrategia tuviera éxito debería ser algo nuevo, de la A a la Z, no seguir como hasta ahora”. Este analista aconseja “no pensar con números” ya que el aumento de tropas no ha significado una mejora en Afganistán. Al contrario, desde 2002, EE UU y la OTAN han triplicado su presencia militar, pero la insurgencia se ha multiplicado en el mismo periodo. De hecho, uno de los motivos que propician este auge es el alto número de bajas civiles en el conflicto. En 2008, según un informe de la ONU, el número de no combatientes fallecidos fue de 2.118, un aumentó del 40%. La OTAN, para prevenir sus propias bajas, aumentó en 2007 sus bombardeos aéreos. El número de los ataques creció un 20% en 2007 respecto al año anterior, con un total de 2.740 vuelos, cifra que duplicó a los de Iraq de ese mismo año.

72 civiles afganos muertos en la era Obama. Por Marc Herold


20 años de cárcel por un artículo
La idea de que la instransigencia de los talibanes ha sido sustituida por un régimen abierto queda desmentida por algunas sentencias judiciales. A finales de octubre un tribunal afgano condenaba a Sayed Perwiz Kambajsh, joven periodista de 23 años, a una pena de 20 años de prisión tras un juicio en el que no contó con la asistencia de un abogado ni con el tiempo necesario para organizar su defensa. La pena conmutaba otra condena a muerte impuesta también bajo el gobierno pro-occidental. El supuesto delito: Sayed había impreso artículos con interpretaciones del islam, relativas en particular a la condición de la mujer, divulgadas en un blog de Internet.


Colombia también se apunta a la guerra
Que el Ejército colombiano combata a grupos rebeldes en un territorio que produce enormes cantidades de droga es algo habitual. Pero que esto suceda en el desierto es menos frecuente. Por si el presidente Uribe no contase con suficientes problemas, Colombia ha sido el último país en alistarse a la guerra. Dado que Afganistán no parece una amenaza directa para el país andino, la decisión de Uribe se entiende por el afán de cumplir con los deseos de EE UU. Y, a falta de un equipo propio, los 150 militares colombianos se integrarán en el contingente español. Al cierre de este número, el Gobierno español no había confirmado el modo en que se sumaría al refuerzo en Afganistán anunciado por Obama. Como señal previa, el pasado diciembre la ministra de Defensa, Carme Chacón, eliminaba el límite máximo de 3.000 soldados españoles en el exterior, impuesto por el propio Gobierno de Zapatero tras su victoria en 2004. En concreto, Chacón lo consideró “obsoleto” y ha anunciaba que España tiene capacidad para “desplegar 7.700 soldados”. Al respecto de Obama, la ministra dejó clara su opinión en su última visita a Afganistán en diciembre. “La nueva presidencia norteamericana tiene ese cambio de prioridades porque se va a concentrar el esfuerzo militar donde está la verdadera amenaza y eso es un motivo de esperanza”.



INDICADORES DEL FRACASO EN AFGANISTÁN


¿Democracia?
Apenas existe diferencia entre el Gobierno afgano y los talibanes o los señores de la guerra insurgentes. “El Parlamento está dominado por señores de la guerra, traficantes de opio y criminales de guerra, que son títeres de EE UU y sus aliados”, aseguraba en una entrevista la ex diputada afgana Malalai Joya [Ver DIAGONAL 89].


Guantánamo 2
La base de EE UU en Bagram es denunciada por numerosas ONG por el uso de torturas e interrogatorios con perros. “Obama ha sido astuto con Guantánamo [...] Bagram, en Afganistán, es el gemelo mudo de Guantánamo”, aseguró en una entrevista Zachary Katznelson, abogado de 30 reclusos de Guantánamo


Corrupción
Afganistán figura en el puesto 176 sobre 180 países en la lista de la ONG Transparency International. Todo se compra: desde un carnet de conducir (150 dólares) hasta ser jefe de policía (100.000 dólares). Cada familia afgana paga al año 78 euros en sobornos. Y un 70% posee menos de un dólar al día.


Drogas
Ejemplo de narcoestado, Afganistán produce el 90% del opio mundial, del que se deriva la heroína. Su producción anual es de 8.200 toneladas (datos de la ONU), y la droga supone entre el 35% y el 40% del Producto Interior Bruto. 20 parlamentarios y el hermano del presidente Karzai tienen vínculos con el narcotráfico.


Insurgencia
Según datos de Justicia i Pau, en Afganistán se cuentan más de 850 grupos armados. El gobierno afgano presidido por Hamid Karzai no puede establecer su autoridad más allá dela capital, Kabul, y algunas provincias. En todo el territorio, la presencia de insurgentes/ talibán, alcanza el 72% del país.


Víctimas civiles
Según datos de la ONU (otras estimaciones elevan esta cifra) a lo largo del año pasado el número de no combatientes fallecidos fue de 2.118, un aumentó del 40% respecto a 2007. Si se cuentan los datos sobre talibanes o insurgentes las cifras aumentan a 4.000. Desde 2001 hasta 2009 han muerto 1.012 soldados de la coalición.

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Portada número 174
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