La obra de Ballard ha sido una fuente de inspiración muy fructífera para la música popular en las últimas décadas, especialmente durante el postpunk, sin duda porque novelas como Rascacielos, Crash y La isla de cemento ofrecen una mirada sobre los paisajes físicos y psicológicos de decaimiento industrial similar a la explorada en la música de bandas como Joy Divison o The Normal. Ya en el ‘77 David Bowie publicó dos discos –Low y Heroes– que ofrecían paisajes sonoros que se podían solapar con facilidad sobre los escenarios metálicos y de cemento de la obra de Ballard. Pero, curiosamente, el tema Atrocity Exhibition de Joy Division fue escrito antes de que Ian Curtis leyese la obra de Ballard de la que toma su título. El impacto del escritor en el post-punk se puede resumir en el hecho de que en Rip It Up And Start Again, el libro de Simon Reynolds sobre el post-punk, se pueden encontrar más de una docena de referencias a sus obras.
El crítico inglés Mark Fisher ha analizado las profundas conexiones entre la arquitectura sonora del disco Metamatic de John Foxx –cuyos sintetizadores crispantes ejemplifican lo que se podría definir como electrónica ballardiana– y la hostil alienación urbana proyectada en los escritos de Ballard. En ambos casos los materiales y texturas industriales tienen especial protagonismo, así como en Warm Leatherette / T.V.O.D. El único single de The Normal es, desde su portada, la referencia más directa que se puede encontrar en el post-punk a la obra de Ballard. Todo en este single, desde su portada hasta sus letras pasando por sus chirriantes sonidos metalizados y sintéticos, remite a los violentos encontronazos entre carne humana y tecnología con los que Ballard cartografió la metamorfosis experimentada por la población occidental tras la Segunda Guerra Mundial, hasta el punto de que se puede decir que ni Ballard ni The Normal eran futuristas, sino que se limitaban a observar de manera alucinada los nuevos y lúgubres paisajes urbanos.
Pero las conexiones musicales de la obra de Ballard no sólo se pueden rastrear en el post-punk. El crítico David Toop señala en el libro Oceans of Sound que en las descripciones y en el personaje del escultor sonoro de Vermillion Sands se puede ver una premonición de la estética del ambient desarrollada por Brian Eno. Más recientemente, Ballard volvía a ser un nombre con cotización al alza en la crítica musical gracias al dubstep. Incontables son los artículos y entradas en blogs explicando las similitudes entre los elementos subacuáticos de la música de Burial y El mundo sumergido. Tanto el disco como la novela se caracterizan por una humedad envolvente con ecos tropicales y ambos imaginan un Londres sumergido en agua en el futuro, en el que perviven recuerdos fantasmales del pasado.
Además, Kode9, quien aparte de ser uno de los más notables productores de dubstep y dueño del sello Hyperdub –en el que publica el propio Burial– está activo en el terreno académico, ya ha participado en distintas conferencias y entrevistas acerca del escritor.
Finalmente, Kevin Martin, el hombre tras The Bug, un celebrado proyecto a caballo entre el dubstep y el dancehall, explicaba en una entrevista cómo le había influido Ballard: “Me ha influenciado su idea de la mutación general de Londres, y el impacto psicológico que ésta ha tenido sobre sus habitantes. Pienso que su energía e inventiva han tenido una influencia obvia sobre mí. Es un escritor muy exigente para el lector”. Esta respuesta podría servir para resumir lo que tienen en común muchos de los nombres mencionados en este artículo y la obra de Ballard.