Los sistemas operativos con interfaz gráfica o los nuevos móviles multifunción han determinado un cambio importante en la manera en que el mundo se nos presenta. Caminamos de una interacción visual, propia de la Modernidad, a una interacción auditiva, propia de la época precedente, en términos que McLuhan usó en La Galaxia Gutemberg para describir los cambios en la percepción y en la conciencia determinados por la imprenta en los siglos XVI y XVII.
En este sentido del término, cuando oímos un sonido, éste de alguna manera nos rodea, nos sumergimos en él y nos perdemos en él. El sonido nos somete más de lo que pueda hacer la visión, no es tan fácil decidir no oír, y no podemos (la mayoría de nosotros) apartar el oído y no escuchar. Mientras que mirar supone una decisión activa, tenemos que dirigir la mirada hacia lo que queremos, y podemos alejar los ojos de lo que no queremos ver.
La señal más inmediata de la transición a una experiencia auditiva es la presencia masiva de aparatos multimedia en nuestra vida. El término ‘multimedia’ debería, etimológicamente, aplicarse a cualquier combinación de dos o más canales de comunicación pero, en práctica, el término excluye la escritura, y las imágenes fijas juegan en él un papel marginal. Los dispositivos multimedia nos rodean con vídeos y audios que no necesitan nuestro enfoque.
¿Un adelanto o retroceso?
Esta vuelta al predominio multimedia es importante porque deshace un cambio fundamental que marcó el paso de la Edad Media a la Modernidad, un cambio que, además de ser social y cultural, afecta a la naturaleza misma de la conciencia del ser humano. Hasta la Modernidad [ver recuadros inferiores] no se concebía la idea del “individuo” fuera de una comunidad. En una sinfonía, las notas individuales se pierden, se funden la una con la otra; un vídeo no es simplemente una secuencia de imágenes estáticas. Sin embargo, en la Modernidad se conforma el individuo-palabra: aún si tiene un significado como parte de un conjunto social, no cesa de ser un individuo, su identidad no se anula en la identidad social, sino que la identidad social es el resultado de la individualidad que la componen.
La noción moderna del individuo es esencial para el desarrollo de las ideas sociales modernas. Sin el individuo-palabra no sería posible hablar de democracia, de libertad individual o de derechos humanos. Con el individuo-multimedia, la individualidad se esfuma, y los únicos derechos, la única libertad, son los del conjunto. Aunque definir en cuánto tiempo se producirá esta transición tampoco es fácil. Es éste el sentido de la metáfora McLuhaniana de aldea global, tantas veces citada y tan poco comprendida. Según el global village una consecuencia negativa de los medios electrónicos de comunicación, es la vuelta a una organización “tribal” donde la autoconciencia desaparece en favor de la identidad colectiva.
Falta de verdades objetivas
El punto más avanzado de la experiencia humana en los últimos siglos es quizás el rechazo de la verdad objetiva y fijada para siempre. Con la desaparición de la conciencia moderna, volveríamos a una verdad objetiva, fija, custodiada por la colectividad. En La sociedad abierta y sus enemigos Popper temía que el estado de tecnócratas y “expertos” actual siguiera el ejemplo de la Iglesia en la Edad Media, que reprimía a los heréticos pero ni necesitaba esforzarse con los inconcebibles ateos. Dado el marco ideológico en que se desarrolla el multimedia, es fácil prever cuál será el nuevo guardián de la verdad: el libre mercado.
Ya hoy el mercado, como colectividad, es más que la suma de los individuos que lo componen. Ya hoy por ejemplo los consumidores deben consumir por el bien del mercado, y ya no es el mercado quien produce según las necesidades de los individuos. El instrumento ya se ha transformado en fin autónomo. Con la desaparición del individuo-palabra, el mercado y las empresas podrán quedar como los únicos individuos relevantes, las únicas entidades a que se aplicarán los conceptos modernos de libertad y de derechos.
* Simone Santini es profesor de Informática en la Universidad Autónoma de Madrid
Otros cambios en el día a día //
Para leer o de ambiente. Entre el siglo XVII y la segunda mitad del siglo XX, leer música era parte de la formación de cualquier persona culta, y muchas casas burguesas contenían por lo menos un piano. Así la música era una actividad consciente, secuencial, y concentrada. Con la difusión de los medios de reproducción, esto cambió. La música se transformó de una actividad a una presencia anónima: en las tiendas, en los ascensores, en la calle. Simplemente nos acompaña; está en todas partes y, por tanto, en ningún sitio.
Del logos al phonos. La interacción auditiva con el mundo es tan fuerte que ha cambiado hasta nuestra manera de usar el lenguaje. Tenemos hoy muchos ejemplos de lenguaje (especialmente lenguaje técnico de derivación inglesa) que no se crea según criterios etimológicos sino fonéticos. Etimológicamente una palabra como ‘wikipedia’ no tiene ningún sentido etimológico (de enciclopedia—educación completa—con significado etimológico de educación rápida) a wi-fi (de hi-fi—alta fidelidad—con significado etimológico de fidelidad inalámbrica).