
En la fiesta de inauguración de temporada que dio Aramón en Madrid ya declaró el presidente de Ibercaja que «Aragón es Aramón», chiste fácil pero que refleja perfectamente la situación de un gobierno dedicado a construir pistas de esquí insostenibles con el dinero de los contribuyentes. El denostado proyecto de San Glorio es una pequeñez al lado del ya ejecutado de Formigal o el próximo destrozo en Castanesa que se intenta blanquear encargando el proyecto a un arquitecto famoso por sus rascacielos.
A esta gigantesca ampliación, en tiempos de acelerado cambio climático, se prevé dotar de innivación artificial en su totalidad, de forma que cuando entren en funcionamiento todos sus cañones su consumo será el de una pequeña capital de provincia.
Supongo que llaman a este proyecto «sostenible» porque se sostiene sobre los impuestos que pagamos todos los aragoneses para el disfrute de los que puedan permitírselo, y sabemos que esquiar no es barato.
Al mismo tiempo se olvida el presidente, Francisco Bono, de hablar de uno de los mayores activos de su empresa: Aramón es la mayor propietaria de suelo urbanizable de todo el Pirineo gracias a los convenios urbanísticos firmados con ayuntamientos que comparten su misma visión sobre desarrollo y el mismo desprecio por el medioambiente. Sólo en Montanuy, pequeño municipio con 300 personas censadas, han comprado y se les ha recalificado más de 50 hectáreas para la construcción de 2.500 viviendas con cuyas plusvalías debía construirse la nueva estación de Castanesa.
Aramón la denomina como «ampliación de Cerler» con la misma falta de rigor que quien amplía un chalet para convertirlo en un edificio de diez plantas. El señor Bono en un programa de TVE declaró que esas recalificaciones eran imprescindibles para construir la estación. Actualmente, ni los terrenos ni las supuestas viviendas tienen comprador y Aramón sigue adelante con el proyecto que sospechamos financiarán, como los anteriores, con ampliaciones de capital de DGA e Ibercaja -controlada por la DGA-, con cargo a su presupuesto.
Aramón, regada generosamente con fondos públicos, hace competencia desleal sobre las estaciones que son privadas: Astún, Candanchú y las catalanas que, subvencionadas por la Generalitat, no lo son ni de lejos hasta el extremo de Aramón.
Yo recomendaría a Aramón y a todo el mundo una visita al pueblecito de Espuí para ver el lamentable estado en que ha quedado la montaña por el proyecto fallido de la estación de esquí Vall Fosca. Matinsa-Fadesa quebró y su negocio de esquí-segundas viviendas-golf se ha ido a hacer gárgaras.
Sólo la respiración asistida de los gobiernos autonómicos puede mantener estos proyectos megalómanos y destructivos, en contra de los valores paisajísticos, medioambientales e incluso los intereses económicos de sus gobernados. Como bien dijo el presidente de Ibercaja, Aramón más que una empresa es otra cosa y las verdaderas empresas que aparecen habitualmente en los periódicos deben sentirse muy incómodas en semejante compañía.
Boletín Radiofónico DIAGONAL 139