
A partir del sábado 14 de agosto se inicia un periplo reivindicativo que llevará a un grupo de marchistas por tierras aragonesas, francesas y belgas. El recorrido, que finalizará en Bruselas el 27 de septiembre, dará la oportunidad a los esforzados andarines que no sucumban al cansancio y las ampollas en los pies a que participen en la jornada de movilizaciones que tendrá lugar en la capital belga el 29 de septiembre. También servirá para calentar los ánimos de cara a la huelga general que está convocada el mismo día en España.
Un numeroso grupo de personas se ha congregado en la plaza de España para despedir a los participantes en la Marcha a Bruselas contra la imparable deriva que afrontan los trabajadores ante la amenaza de la nueva reforma laboral, los recortes sociales y de libertades, la reducción de los sueldos de los empleados públicos, la paulatina desaparición de las cajas de ahorros, o la merma de poder adquisitivo de los pensionistas.
Muchos han sido los zaragozanos que han acudido a esta llamada, manifestando su decisión de tomar parte en alguna de las etapas que discurrirán por territorio aragonés. Y muchos más han sido los que comentaban que ante el pesimismo que nos embarga, que nos paraliza y nos deja inermes ante la crisis, hay que hacer algo.
"No podemos quedarnos de brazos cruzados"
Así se expresaba a Diagonal Aragón Dámaso, uno de los integrantes de la Marcha, que caminará las 45 etapas. Hombre curtido en duras caminatas -no en vano ha recorrido dos veces el Camino de Santiago y la travesía de los Pirineos-, afronta esta marcha ilusionado y con el ánimo fuerte. “Tengo pensado empezar muy suave e ir cogiendo la forma para poder hacer todas las etapas”.
Al preguntarle sobre sus expectativas para la Marcha, nos dice: «Cuando recibí el mensaje convocándome a la primera reunión, ya tenía claro que iba a participar. No tuve necesidad ni de cinco minutos para reflexionar. Para mí este es un tema prioritario». El 30 agosto se prejubila como profesor de secundaria, y a partir de ese día tendrá mucho tiempo libre. Piensa que es sumamente interesante e importante dedicarlo a una causa tan bonita.
«Me siento indignado con lo que está pasando, por eso tomé la decisión de dar una respuesta personal, por dignidad y para plantar cara a quienes nos conducen a esta situación. A la política oficial hay que darle un nuevo lavado», nos explica. «En materia económica las decisiones no las toma el Gobierno español, sino que son una imposición que viene en muchos casos de la Unión Europea e incluso de instancias más lejanas. Cuando, como ahora, cunde el desánimo, se pasa al “no hay nada que hacer”. Por eso si hay gente que hace cosas, la sociedad encuentra un respiro, toma conciencia de la situación».
Y continúa: «El trabajador está agarrotado, presionado ante esta situación. La actividad, la lucha genera nuevas formas de afrontar la crisis. Hay mucha gente que piensa que esta iniciativa, la Marcha, es positiva, que es una forma de reactivar el organismo. Pero tiene que ser trabajo no sólo de las organizaciones de izquierdas, también tienen que intervenir otras fuerzas, sean del color que sean. Quedarse con los brazos cruzados genera más pesimismo, más inanición».

"No me resigno a ser espectadora de mi propia desgracia"
Así se expresaba Ana, una militante activa del ecologismo aragonés, sindicalista desde hace muchos años, madre de familia y, como a ella le gusta presumir, limpiadora del Clínico. Forma parte del reducido grupo de idealistas que pergeñaron esta Marcha hacia Bruselas y para ella, como para todos los participantes, es una cuestión primordial no cruzarse de brazos, luchar y plantar cara a la situación que se vislumbra en el horizonte.
«¿Mis motivos para hacer la marcha? Creo que los trabajadores estamos sufriendo la mayor agresión contra nuestros derechos de las últimas décadas de la historia. Y lo peor, sospecho que la amenaza puede ser aún mayor. Todos estos ataques contra la clase trabajadora forman parte de una competición financiera. Una lucha de poder en la que los trabajadores somos sólo los peones sacrificables al primer lance. Y como me rebelo ante el entramado que se está montando, no pienso resignarme a ser espectadora de mi propia desgracia y de la de mis hijos, por eso voy a Bruselas».
En cuanto a lo que espera conseguir de esta Marcha, no es un asunto baladí: «Llámame utópica si quieres», nos dice, «pero crear la ilusión entre la gente de que otra forma de repartir la justicia y el trabajo es posible, es sembrar puñados de esperanza para el futuro. Percibo demasiado derrotismo entre la clase trabajadora. Esa docilidad fatalista de los que creen haber pedido las riendas de su propio destino».
«Crear una reacción positiva en cadena puede hacernos despertar. Sobre todo si comprendemos la importancia de aglutinar a todas las fuerzas políticas, sociales, sindicales y humanas capaces de imaginar otro mundo más justo y solidario. Somos muchos en todo el planeta. Si somos capaces de unirnos a partir de iniciativas tan sencillas como esta, quizás podamos conseguirlo», concluye.

La marcha desde una perspectiva política
Otra visión más política -y ciertamente igual de militante y combativa- la representa Álvaro Sanz, coordinador intercomarcal de Zaragoza y portavoz de la presidencia de Izquierda Unida en Aragón. Álvaro nos cuenta que participa en la Marcha desde una perspectiva de responsabilidad como trabajador y como gente de la izquierda. «Estamos en un momento muy complejo en el que se está optando por una salida a la crisis económica que va perpetuar un modelo que va del lado de los conservadores y de las políticas neoliberales, y beneficia y beneficiará a los que la han generado».
«Es un momento muy peligroso», señala. «El Gobierno con su inacción está perpetuando los motivos que han generado la debacle económica en la que nos encontramos. Con esta reforma laboral lo que se está poniendo es el camino para una nueva y decimonónica forma de negociación salarial, desmembrando la capacidad de los trabajadores en la negociación a través de sus sindicatos, recortando los derechos de conciliación y negociación, restándoles poder. Lo que puede venir de ahora en adelante va a ser muy jodido.»
«Todos aquellos que formamos el bloque de la izquierda -y aquí Izquierda Unida es uno más-, tenemos la obligación de hacer un frente común de lucha, y desde esa perspectiva aportamos nuestro trabajo para movilizar, para hacer pedagogía en las acciones que vayan en la dirección de formar un bloque amplio que sirva para frenar este tipo de políticas. Debemos instaurar unos ejes en los que los trabajadores, los ciudadanos, los derechos sociales conquistados durante décadas por éstos después de mucha lucha y mucha sangre, sean los que hagan la política y no al revés».
Caminará Álvaro hasta la frontera francesa, no dispone de más días. Anda un poco preocupado por cómo pueda afrontar el camino y los cigarritos con los que comparte su devenir. «Tendré que reducir un poco mis dosis de nicotina, si no no sé cómo terminaré las etapas. Si somos capaces de levantar, con un punto de transgresión porque la empresa es arriesgada, la bandera de la agitación en un mes en el que todo está dormido, mantenerla viva y calentar los motores para la huelga general del día 29 de septiembre, habrá valido la pena.»
LA PARTIDA (COMIENZA LA MARCHA)
A la 08.30 de la mañana la Plaza del Pilar de Zaragoza se ha cubierto de banderas multicolores, azotadas por el cierzo mañanero. Eran portadas por un variopinto grupo de más de 60 personas, entre los que había trabajadores, sindicalistas, representantes de grupos políticos, inmigrantes, ecologistas y activistas de diversas organizaciones sociales y vecinales.
Izquierda Unida, Chunta Aragonesista, Ecologistas en Acción, CGT, La Intersindical, Partido Anticapitalista, la Red de Apoyo a los Sin Papeles… Todos juntos han dado inicio a la Marcha a Bruselas, recorriendo los primeros 25 kilómetros de una iniciativa contra la reforma laboral y los recortes sociales, por el reparto del trabajo y de la riqueza, motivos que les empuja a emprender esta larga caminata hasta Bruselas.
A las 12 horas los caminantes, tras participar en la extinción de un pequeño incendio, provocado por el accidente sufrido por un vehículo agrícola, han llegado a Peñaflor, donde recuperaron fuerzas con un almuerzo colectivo.
Tras descansar y despedirse de los que les han acompañado hasta esta primera parada, nuevamente se reemprendió el camino, dirigiéndose a Zuera final de la primera etapa.
De momento la moral va ganando la partida al cansancio, el entusiasmo ayuda a continuar nuestro camino que hoy terminará en esta industriosa localidad bañada por el río Gállego.
Maribel Martínez es colaboradora habitual de Diagonal Aragón, activista de Ecologistas en Acción y participante en la Marcha a Bruselas.
Boletín Radiofónico DIAGONAL 139