Marruecos sigue violando sistemáticamente los derechos de la población saharaui, según informan observadores extranjeros. En los últimos altercados, un español también fue golpeado por las fuerzas policiales mientras acompañaba a un grupo de activistas saharauis que regresaban de los campamentos de refugiados de Tinduf.

Torturas, desapariciones, detenciones arbitrarias, presión policial y, por si fuera poco y desde hace algún tiempo, el uso de los colonos como herramienta represiva. Libertad de expresión, de manifestación y de asociación totalmente deterioradas, tal y como manifestó la Eurocámara en 2009. Esto es lo que sufre a diario la población saharaui (incluidos menores y ancianos) en los territorios ocupados por Marruecos desde que en 1975, hace ya 35 años, comenzara este conflicto.
En los últimos meses la gota que ha colmado el vaso han sido las visitas de activistas a los campamentos de refugiados saharauis en Tinduf, Argelia. O más bien sus recibimientos en su regreso a la zona ocupada, escenario de brutales cargas policiales. Por esta razón, miembros del movimiento solidario en España han organizado misiones de acompañamiento para dichos grupos de activistas, con el convencimiento de que la presencia extranjera disuadiría a las fuerzas de seguridad marroquís. El testimonio de Javier Sopeña, el español golpeado el pasado 18 de julio en una de estas misiones de observación, parece demostrar que no tanto.
Javier es miembro del Observatorio de Derechos Humanos del Colegio de Abogados de Badajoz, y desde hace dos meses reside en El Aaiún, capital del Sáhara Occidental ocupado. Allí, intenta desarrollar tareas de apoyo a la población saharaui. Según detalla en su informe y narra en el siguiente video, se encontraba recibiendo a un grupo de activistas cuando la policía marroquí atacó “arremetiendo contra todo lo que se encontraba en su camino”. Agachado, recibió puñetazos y patadas, resultando herido en el riñón izquierdo, junto a un grupo de otras veinte personas. Su relato continúa, ya que la presión policial se prolongó toda la noche.
Javier Sopeña no ha recibido ninguna llamada preguntando por su estado por parte de las autoridades españolas. Nos lo cuenta durante la mañana de hoy, en una conversación telefónica desde El Aaiún. Mientras nos atiende, se encuentra fotografiando una manifestación saharaui en contra del expolio ilegal de fosfatos. Los recursos naturales, otro tema sobre el que se podría escribir largo y tendido. “Aquí es todos los días igual, en España sólo aparece algo cuando hay españoles en misiones de acompañamiento, pero ayer mismo la policía se llevó a una chica durante un tiempo y luego la soltaron. No sabemos lo que le hicieron”.
Un aragonés en las misiones de acompañamiento
Rafael tampoco recibió ninguna llamada de la Embajada española cuando en abril de este mismo año vivió episodios similares. Él no fue agredido con tanta gravedad, pero pudo comprobar la violencia con la que se actúa y presenciar cómo las fuerzas de intervención de la policía marroquí cargaban contra grupos de saharauis que se comportaban pacíficamente.
Rafael Antorrena es miembro de Um Draiga, asociación aragonesa solidaria con el pueblo saharaui. Él también participó en una misión de acompañamiento a principios de abril. Nos cuenta que estuvo vigilado continuamente en todos sus desplazamientos por El Aaiún y en su visita a Smara, ciudad situada al este. Incontables controles policiales en los que les pedían la documentación, acompañados por manifestaciones de colonos con banderas marroquís, que les hacían sentir un clima verdaderamente tenso durante las retenciones. “Allí es donde te das cuenta de manera más clara de que estas actuaciones cuentan con la complicidad del Gobierno español”, se lamenta, al relatar como la policía les “robó” literalmente enseres y cámaras fotográficas, para devolvérselas más tarde sin sus tarjetas de memoria, mientras recibían una versión oficialista e irreal de todo lo acontecido. “Nos intentaron convencer de que toda la vigilancia se basaba en la salvaguarda de nuestra seguridad y la de los saharauis frente a los colonos”.

Desde octubre de 2009, en seis ocasiones estas visitas de activistas saharauis han provocado la actuación violenta de la policía marroquí. La gravedad de la situación ha hecho que se organizaran varias misiones de acompañamiento, como las de Rafael o Javier. Su labor es importante, presenciando lo ocurrido y elaborando detallados informes que intentan romper el bloqueo informativo en España.
Se cifran en más de 40 los presos políticos saharauis retenidos en cárceles marroquís. Allí comienzan agónicas huelgas de hambre que en poco mejoran su situación. El último de ellos, el doctor Abbas Sibai, logró ser liberado tras 53 días sin comer y gracias a una campaña liderada por organizaciones internacionales como Amnistía Internacional, según informó la semana pasada Codesa (Colectivo de Defensores de Derechos Humanos Saharaui).
La situación, lejos de cambiar, empieza a mostrar síntomas preocupantes, como refleja el hecho de que se esté comenzando a utilizar a colonos marroquís en la estrategia represiva del reino alauí. Los expertos señalan que los mismos métodos, con desoladoras consecuencias, fueron usados por Indonesia en Timor Oriental, precedente histórico en el que Portugal (antigua potencia administradora) tuvo que liderar el proceso de descolonización del este de esta pequeña isla del Pacífico.
Mientras, ése mismo proceso continúa enquistado en el Sáhara Occidental. Ni siquiera la misión especial de Naciones Unidas en esta zona, la Minurso, se ve capaz de ampliar su control sobre la vigilancia de los derechos humanos. El veto de Francia en el Consejo de Seguridad durante la renovación de su mandato, en mayo de este mismo año, permitió que dicha misión continúe siendo la única en el mundo sin competencias en esta materia.
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Boletín Radiofónico DIAGONAL 139