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SE ENCADENAN CESES Y DIMISIONES DE PERIODISTAS CRÍTICOS CON LA LÍNEA OFICIAL

La teoría de la conspiración divide a la derecha mediática

Miguel Ángel de Lucas / Redacción
Jueves 9 de noviembre de 2006. Número 41
La teoría de la conspiración ha creado una brecha en la derecha mediática. De un lado, ‘El Mundo’ y la COPE. Del otro, el grupo Vocento, con ‘ABC’ y Punto Radio.
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LA DERECHA SE DIVIDE (LOS BENEFICIOS). Pedro J. Ramírez (El Mundo), Jiménez Losantos (COPE) y José Antonio Zarzalejos (ABC) disputan por el público conservador. / JOSE BG

La teoría de la conspiración ha creado una brecha en la derecha mediática. De un lado, ‘El Mundo’ y la COPE. Ambos han dado pie a una serie de hipótesis según las cuales el 11-M sería un golpe de Estado con la única intención de expulsar al PP del poder, y donde no sería descartable la participación de ETA o, incluso, de las fuerzas de seguridad. Del otro lado, el grupo Vocento, con ‘ABC’ y Punto Radio. Éstos denuncian a los primeros de competencia desleal y de inventarse noticias. Ha habido insultos, golpes bajos y denuncias. De fondo, no obstante, sobresale un único interés: hacerse con la mayor cuota de mercado posible.

“Si ustedes quieren dejar de suscribirse al ABC hoy es el día; tiene un número el ABC para darse de baja, es el 901 334 554...”. Ésta y otras frases similares costaron recientemente una condena judicial a la COPE. A principios de julio, el juez daba la razón a ABC en su demanda por “competencia desleal” contra la emisora.

La lista de ataques lanzados estos meses desde la cadena de la Conferencia Episcopal contra el periódico del grupo Vocento fue recogida por el auto judicial. Llenan hasta una página. Desde el insulto directo: “falsarios, basura, zote, sin influencia, periódico inane...”, hasta acusaciones tan chocantes como que “está financiando la tregua de ETA”.

Por su parte, el diario que dirige José Antonio Zarzalejos tampoco ha mantenido la boca cerrada. El 12 de marzo, bajo el título de ‘Los obispos tienen un problema’, ABC lanzaba su editorial enumerando algunos de los episodios más vergonzosos de la COPE, como la llamada a Evo Morales suplantando a Zapatero o la infiltración de encuestadores pagados para adulterar las encuestas del Estudio General de Medios. A propósito de Jiménez Losantos, Zarzalejos aseguraba: “Cuando Losantos se pierda en la noche de los tiempos, ABC seguirá”. Y añadía: “Le eché de ABC y me parece natural que supure por la herida”.

Tanto la hostilidad como la gravedad de las acusaciones sorprenden si se tiene en cuenta las semejanzas entre ambos medios, fieles a una línea marcadamente conservadora y muy cercana a la Iglesia. Pero desde el último año y medio, la deriva de ciertas hipótesis respecto al 11-M ha creado una brecha insalvable. El Mundo, la COPE y el portal Libertad Digital han hecho de ella su estandarte. ABC, a su vez, ha decidido no seguir ese camino y denuncia lo que considera “la estimulación de la paranoia y el instinto de la revancha”, a través de “un delirio cabalístico de conjuras y títeres conducidos por demagogos fanáticos y eficaces aprendices de brujo”.

Más allá de la capacidad cabalística de sus adversarios, lo que más incomoda en realidad en las oficinas del grupo Vocento ha sido ver cómo la estrategia puesta en marcha por Pedro J. Ramírez y Jiménez Losantos les ha arrancado buena parte de su cuota de mercado. Los datos de audiencia son contundentes: la agresividad verbal y la fantasía periodística encuentra oídos entusiastas entre el público conservador. En el último informe sobre ventas, El Mundo subía un 6,4%, hasta los 230.000 periódicos. Mientras, ABC perdía un 23% y se quedaba en algo más de 130.000.

En la radio el fenómeno se repite. Hace algunos años, la COPE se situaba a la cola de las emisoras españolas. Hoy es la segunda. A su vez, Punto Radio, la marca de Vocento, no acaba de arrancar. Quizás eso explique la fogosidad de Luis del Olmo, competidor en la franja horaria de La Mañana de la COPE, al afirmar que “a Jiménez Losantos lo subiría a los altares, muy alto, y luego pondría una bomba en esos altares”.

Ceses y dimisiones
De forma paradójica, los medios que más se están beneficiando comercialmente también se enfrentan a fuertes tensiones en las redacciones. El caso de Elmundo.es resulta revelador. El 18 de julio, se destituye a Gumersindo Lafuente, director de la versión en Internet del periódico. Lafuente habla con DIAGONAL sobre los motivos: “Lo achaco a mi posición en contra de publicar algunas informaciones relacionadas con el 11-M que no pensaba que tuvieran el rigor necesario”.

Algo similar sucede son el subdirector de la página, Borja Echevarría. Tras la salida de Lafuente, también él se niega a privilegiar las informaciones sobre la teoría de la conspiración. Todavía sigue en la empresa, pero le han cambiado de puesto y cobra un 30% menos. La COPE también vive otro éxodo. Según explica un periodista de la cadena, quien pide que su nombre no aparezca publicado, “esto no es una balsa de aceite. En un año y medio se ha ido de aquí mucha gente que no compartía esta línea informativa”.

Con todo, no parece que estos reveses afecten a los propagadores de la teoría conspirativa. Losantos, por ejemplo, dejaba claro qué intereses le mueven en una entrevista publicada en El Mundo: “Pregunta: ¿Qué dicen sus hijos cuando le escuchan? Respuesta: Cuando alguno lo hace me dice ‘¿Y no puedes decir eso de otra manera?’ Yo le respondo: ‘Ya, e ibas a estudiar tú en una universidad americana si lo digo de otra manera’.


Telemadrid: el caso Yanke
El 9 de octubre Germán Yanke presentaba su dimisión como director y presentador del Diario de la Noche de TeleMadrid. Yanke es colaborador habitual de ABC y autor de libros como Ser de derechas. Con ese perfil, su programa no era el mayor ejemplo de pluralismo informativo. Pero eso no le ha servido. Según escribe uno de sus colaboradores, el pecado de este programa fue haber “marcado la diferencia en la actual batalla mediática y política en torno a la presunta conspiración del 11-M que agitan Acebes, Zaplana y Aguirre desde el corazón del PP, y en la que los informativos de la mañana y de la tarde son fanáticos y obedientes seguidores”.

En esa carta se explica la sintonía de Telemadrid y las tesis de Pedro J. Ramírez, algo que se hizo visible cuando la cadena autonómica firmó “un contrato espectacular con la productora de El Mundo para emitir reportajes sobre los crímenes de ETA y el 11-M”. Además, el caso de Yanke está lejos de ser el único.

Según el comité de empresa, sólo en el último año hay que sumar: “el jefe de nacional, la adjunta de nacional, el jefe de sociedad, la adjunta de economía, la corresponsal en Barcelona y la redactora de Madrid Directo. Además, se han ido a la Cuatro y a la Sexta una decena de redactores. Dos redactores fueron expedientados el pasado verano, otros redactores han sido sacados de la redacción trasladándoles a programas de baja audiencia, y los que quedan en la redacción (los de toda la vida) se pasan las semanas sin hacer nada porque la dirección ha traído de la calle a una redacción paralela para hacer el trabajo sucio y escribir al dictado”.

‘Agujerología’: nueva ciencia
El empeño de algunos periodistas en la tesis de “los agujeros negros del 11-M” ha generado que en algunos foros de Internet se les bautizase como ‘agujerólogos’. Entre ellos no han faltado esfuerzos para encontrar vínculos entre ETA y el 11 de Marzo. En esa lista se incluiría el hallazgo en manos de islamistas y miembros de ETA de ácido bórico, un producto que puede encontrarse en droguerías y sirve como insecticida. Se han acumulado varias pruebas de este tipo.

Y el modo en que se están llevando a cabo estos trabajos en El Mundo ha provocado que periodistas de la casa con una reconocida trayectoria en el periodismo de investigación hayan preferido no implicarse demasiado. Aun así, si bien algunas revelaciones despiertan la carcajada, lo cierto es que, a pesar de no encontrar pruebas, el diario de Pedro J. Ramírez ha conseguido buena parte de sus objetivos. Al aumento de las ventas se une la creación de un clima de sospecha en torno “a lo que realmente sucedió el 11 de Marzo”, una estrategia especialmente útil para el PP que desvía la atención respecto a la manipulación informativa que siguió a los días posteriores al atentado.

Por eso, no faltan los análisis que apuntan a que a la teoría de la conspiración aún le queda fuelle. Como señala a DIAGONAL Jesús Cacho, que en su caso rompió con El Mundo por las censuras en su columna de Economía, “lo que se refleja más que nada es la pobre situación del periodismo, el uso de las empresas periodísticas como acorazados para otro tipo de negocios que no tienen nada que ver con la información. Cuando se acabe la conspiración vendrá otra cosa igual”.

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