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FRANCIA / PRIMER ANIVERSARIO DE LAS REVUELTAS DE LOS BARRIOS POPULARES

Un año más tarde, un año para nada

Saïd Bouamama , originario de un barrio popular, es sociólogo, profesor universitario y militante en la Coordinadora Nacional de Sin Papeles. Traducción: Fernán Chalmeta.
Jueves 23 de noviembre de 2006. Número 42
Hace un año, los 400 barrios populares de Francia más afectados por la crisis, la pauperización y la precariedad iniciaban una revuelta desordenada, sin blancos precisos pero con un mensaje político claro.
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HACINAMIENTO. Miles de personas, una gran mayoría de ellas jóvenes sin recursos económicos, viven en el extrarradio de París en zonas como Saint Denis (en la foto)./Sara Presti

Los medios nacionales e incluso internacionales apuntaron, durante algunas semanas, sus micros y cámaras hacia esos barrios populares a la búsqueda de lo sensacional, vaciando la revuelta de su mensaje para no retener más que el medio de expresión.

En cuanto volvió la calma, estos barrios han sido olvidados de nuevo, quedando fuera de la agenda política de los líderes de las grandes formaciones políticas y de las portadas de los medios. ¿Dónde nos encontramos un año más tarde?

La primera lección de esta revuelta es haber puesto al descubierto el proceso de empobrecimiento y de precarización que afecta a los barrios populares. La propagación rápida de la revuelta de Clichy Sous Bois a los 400 barrios más pobres de Francia (el conjunto de los indicadores estadísticos subraya esta convergencia entre geografía de las revueltas y la de la pauperización) indican que un umbral cualitativo ha sido superado en cuanto a la degradación de las condiciones de existencia del pueblo de Francia. El recurso a un vocabulario determinado, en el transcurso de la revuelta, apuntaba a ocultar una vez más esta realidad de pauperización creciente y ya insoportable: se ha hablado, así, de “extrarradios” antes que de “barrios populares”, de “disturbios” cuando se trataba de una “revuelta”, se ha hablado de carencias educativas como su causante cuando lo que teníamos era el resultado de las decisiones económicas y políticas de los últimos decenios, etc. Lo más grave es que incluso los grupos y partidos políticos que dicen oponerse al Gobierno han retomado este discurso y los desarrollos implícitos en él. Así hemos visto grupos de extrema izquierda analizar la revuelta como la expresión de un “subproletariado”, por no hablar de la ausencia de movilización sindical, asociativa y política para exigir la amnistía de los jóvenes condenados a raíz de estas revueltas, etc. El resultado ha sido el de un aislamiento de los barrios más pobres de Francia y de sus habitantes.

Balance de una revuelta

Un año más tarde, no es sorprendente por lo tanto que la situación siga siendo la misma. Más grave aún, el Gobierno lo ha aprovechado para reforzar su discurso securitario, para bajar la edad de entrada como aprendiz [abandonando los estudios] a los 14 años (es decir, para encarrilar los mecanismos de regreso al trabajo de los niños de los ambientes populares y más particularmente de los jóvenes originarios de la colonización), y para construir las campañas electorales, una vez más, sobre los mismos pilares: inseguridad e inmigración.

La segunda lección de las revueltas ha sido la puesta en evidencia de la segmentación producida en el seno de los ambientes populares por el liberalismo. Tres componentes de estos medios populares aparecen como resultado de las opciones liberales: el mundo de los asalariados estables, el mundo de los precarios ‘blancos’ y el mundo de los precarios provenientes de la colonización. La producción sistémica de estos tres componentes tiene como objetivo el evitar la toma de conciencia de un destino común. La forma que toma esta producción es la del establecimiento de un mercado étnicamente segmentado del mercado de trabajo y de todos los otros mercados de bienes escasos (vivienda, sanidad, formación, etc). Para ello la ideología colonial es recuperada y difundida por múltiples canales (medios de comunicación, explicaciones políticas de las revueltas, etc.). La insistencia de los participantes en la rebelión respecto a las discriminaciones racistas subraya la toma de conciencia sobre la existencia de esta producción deliberada de una frontera étnica en el seno de los ambientes populares. El aislamiento palpable de la revuelta indica, así mismo, la no comprensión por las fuerzas políticas de izquierda y de extrema izquierda (o peor aún, la interiorización) de esta frontera a combatir

Un año después de las revueltas la situación se ha agravado todavía más. Las discriminaciones racistas se refuerzan. Y la distancia entre los más pobres y los medios políticos de oposición al sistema no se ha reducido.

Es en el interior de los barrios populares afectados donde conviene buscar las transformaciones producidas por la revuelta. Lo que los medios no han subrayado es la dinámica de debates públicos que ha marcado los barrios desde hace un año. La voluntad de comprender lo que había pasado ha provocado el desarrollo de una multitud de encuentros en los que la palabra se ha liberado, las iniciativas se han multiplicado, las tomas de conciencia se han acelerado, etc. Todas las formas de la ‘repolitización’ han reaparecido, desde la más radical a la más inocente, en el seno de estos barrios populares. Los debates han girado, por centenares, en torno a las causas de la revuelta, pero también sobre el aislamiento de esta parte del pueblo, sobre la gestión colonial de estos barrios populares, y sobre las iniciativas a tomar a corto y largo plazo. En la mayoría de los debates, las conclusiones convergen: una puesta en duda radical del sistema y la necesidad de un canal político de expresión de la revuelta.

Iniciativas tan diferentes políticamente hablando como las de AC Le Feu [juego de palabras que se puede traducir por “basta el fuego”] por un lado, y las de los Indígenas de la República o del Movimiento Inmigración y Extrarradios (MIB) por otro, tienen una dimensión común: la búsqueda de una vía de expresión política. La asociación AC Le Feu ha recogido pliegos de quejas tras un recorrido por todo el territorio y los ha entregado a diputados y senadores. Se puede considerar la iniciativa como ingenua, pero señala claramente la necesidad de una acción política. La desilusión llegará puntual a su cita, pero será portadora de concienciación. Los Indígenas de la República, el MIB, pero igualmente los Motivée- s o la asociación Divercités [Diverciudad], etc., se orientan a su vez, cada una a su manera y desde deseos de convergencia, hacia la creación de un movimiento político autónomo de los barrios populares y de la inmigración. Por lo tanto, la revuelta de los barrios populares ha sido igualmente un acelerador de la toma de conciencia de la necesidad de un nuevo canal de expresión política para oponerse a las opciones políticas y económicas dominantes y para tener peso en las correlaciones sociales de fuerza en el seno de la sociedad francesa.

Si la revuelta de noviembre de 2005 no ha cambiado la realidad social, ha producido tomas de conciencia preñadas de esperanzas sociales. Ha subrayado, igualmente, la desconexión entre una parte importante del pueblo de Francia y los que pretenden, en la izquierda y en la extrema izquierda, ser portadores de una alternativa política y social. Del devenir de estas tomas de conciencia depende el nuevo ciclo, ya que desgraciadamente la alternativa sigue siendo todavía la misma: o rebelarse o destruirse (con las toxicomanías, los suicidios, la enfermedad mental...).

Organización de barrio

Motivé-e-s nace en Toulouse, en 2001, como espacio de defensa de los barrios. Su candidatura municipal logró cuatro concejales. Ir a motives

El MIB nace como punto de ayuda en 1995 “para quien interviene en su barrio”. Sus objetivos son la recuperación de la memoria viva de sus luchas y el desarrollo de dinámicas para la emergencia de un movimiento autónomo de la inmigración y los barrios populares. Ir a mibmib

Los Indígenas de la República surgen en junio de 2005, como movimiento social autónomo que denuncia el colonialismo y la explotación que sufren los barrios. Ir a indigenes

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