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PIRINEO MERIDIONAL / LAS PRESAS DE YESA E ITOIZ, EN PELIGRO

La seguridad de los embalses a debate

Antonio Casas , geólogo de la Universidad de Zaragoza.
Jueves 15 de marzo de 2007. Número 50
Tras el deslizamiento del embalse de Yesa (Aragón), el autor analiza el riesgo de éste y el de Itoiz (Navarra) partiendo de la geodinámica actual del Pirineo.
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YESA. Ladera izquierda del embalse donde en agosto se produjeron deslizamientos. / Asociación Río Aragón

La rotura de presas puede parecer un fenómeno poco habitual, pero las estadísticas dicen que el 2% de las grandes presas (de más de 15 m de altura) fallan de forma catastrófica, y que un 4% tiene graves problemas. Las obras en los grandes embalses, el llenado de los mismos, la sismicidad que induce este llenado y la propia sismicidad del terreno, pueden ocasionar graves consecuencias para la gente que vive bajo las presas. Yesa e Itoiz, en el Pirineo meridional, no están exentas de los riesgos.

Los ríos pirenaicos cuentan con gran cantidad de embalses, muchos están construidos aprovechando las características geológicas del lugar, es decir, sobre estructuras de dirección Este-Oeste cortadas perpendicularmente por los ríos. Las presas se pueden anclar en materiales calcáreos duros y las zonas de rocas más blandas aguas arriba, donde los valles se amplían, pueden servir para instalar los vasos de los embalses. De esta forma los embalses construidos hasta los años ‘50 en el Pirineo no presentaban graves problemas de seguridad, aunque sí es cierto que la karstificación (cuevas y conductos subterráneos) en las calizas da lugar a filtraciones que han inutilizado algunos de ellos.

A partir de los ‘50 empiezan a proyectarse embalses sobre materiales más blandos y menos adecuados para el amarre de las presas. El primero es el embalse de Yesa (de 500 hm3) en el río Aragón, anclado sobre materiales turbidíticos blandos. En años más recientes hay cuatro grandes embalses proyectados, algunos realizados: Rialp (400 hm3), Itoiz (480 hm3), Biscarrués (280 hm3) y Santaliestra (70 hm3), que se sitúan sobre rocas blandas. En los casos de Rialp y Biscarrués: la alternancia de areniscas y arcillas; en Itoiz: flysch calcáreo (finos estratos de calizas y arcillas); y alternancia de margas y areniscas en Santaliestra. En estos casos es previsible que los problemas geotécnicos en la cimentación y las filtraciones se multipliquen, y lo mismo ocurre en lo que se refiere a la seguridad de las presas debido a los grandes deslizamientos.

Antes de entrar a considerar los deslizamientos y la seguridad de presas hay que entender la geodinámica actual del Pirineo. El paisaje en zonas de montaña evoluciona rápidamente y da como resultado una dinámica de laderas muy activa asociada a los ríos, que sigue manifestándose en la actualidad. Como consecuencia, es muy frecuente la aparición de grandes deslizamientos, cuyos volúmenes varían desde pocos metros cúbicos a más de 20 hm3 (pueden mover masas de tierra de hasta 50 millones de toneladas). Los tipos de deslizamientos varían desde los planares en roca (cuando el sentido de inclinación de la ladera y de las capas geológicas es el mismo) a deslizamientos en suelos con geometría rotacional.

En un repaso podemos examinar la seguridad de las dos grandes presas que estamos considerando. En el caso de Itoiz, la presa se encuentra anclada sobre un deslizamiento de cerca de 20 hm3, formado por el flysch alterado (cuyas capas se inclinan en el mismo sentido que la ladera) y materiales cuaternarios poco consolidados. Esta gran masa se está deslizando ladera abajo a velocidades de pocos milímetros al año, lo que significa que no pueda acelerarse por factores que citaremos a continuación. La presa de Yesa está anclada sobre un antiguo deslizamiento con un volumen de 12 hm3, de geometría rotacional, que corta las capas del flysch, además, la ladera izquierda sobre la que se asienta la presa es inestable, como demuestran los deslizamientos producidos a lo largo del año pasado.

Hay que tener en cuenta que la estabilidad de las laderas se ve perjudicada por dos factores: la saturación de agua y los movimientos sísmicos. Las condiciones de saturación son perjudiciales evidentemente por la construcción de los embalses o, como es el caso de Yesa, por su recrecimiento. En lo referente a la sismicidad pirenaica es de tipo intraplaca y moderada, es decir, difícil de predecir y de asociar con fallas visibles sobre el terreno. Sin embargo, existen varios epicentros con intensidad VIII y IX (escala de Mercalli modificada o MSK) suficientemente importantes como para producir graves inestabilidades en las laderas que rodean a los embalses de Yesa e Itoiz. Se ha demostrado en el caso de Itoiz que es posible la aparición de sismicidad inducida por el llenado de la presa, debida al peso de la masa de agua.

Riesgo de rotura

Los efectos de los deslizamientos en los embalses van desde la posibilidad de caída dentro del vaso con formación de una ola de alta capacidad destructiva (como en Vaiont, Italia, en 1963), a la propia rotura de la presa, o a la formación de olas aguas arriba de la presa (efecto ‘tsunami’). En los casos de Yesa e Itoiz las consecuencias de la generación de deslizamientos son difíciles de predecir, y pueden ir desde el bloqueo de los desagües de fondo, lo que inutilizaría el embalse y lo dejaría fuera de control con el peligro que ello supone (especialmente en el caso del recrecimiento de Yesa con una presa de materiales sueltos, como la tristemente famosa presa de Tous), a inundaciones catastróficas por el vaciado rápido de los embalses. En este último caso los dos factores que más influyen son la altura de la presa y el volumen de agua embalsado. Las curvas empíricas, obtenidas a partir de casos reales de rotura de presas, indican que los caudales pueden llegar a alcanzar los 100.000 m3/s (la mitad del de la desembocadura del Amazonas), que implicaría una enorme destrucción. En los dos casos hay poblaciones importantes por debajo de los embalses, con lo cual tendrían lugar daños sin precedentes, con repercusiones en infraestructuras situadas en el propio eje del Ebro. La posibilidad no descartable de que las dos presas fallaran a la vez, debido a una activación de los movimientos sísmicos, multiplicaría la capacidad destructiva de las inundaciones producidas.

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