
El seminario empezó con la frase de Luis Amado, ministro de Exteriores de Portugal, “la cooperación con América debe darse sin cuestionar el sistema de valores e integración que tiene la Unión Europea”. O sea, el capitalismo. A continuación, la jornada siguió con los problemas del Mercosur y alguna velada crítica a los procesos de Venezuela, Ecuador y Bolivia.
El plato fuerte llegó por la tarde con la intervención de Teodoro Petkoff, presentado como pensador y profesor universitario, sin mencionarse su papel como miembro de uno de los gobiernos venezolanos de los ‘90, ni su apoyo a Rosales (opositor a Chávez) en la campaña electoral. La intención de Petkoff era la misma que la de Milos Alcaray unos meses atrás durante la campaña presidencial: confundir y dividir. Petkoff empezó diciendo que el consenso de Washington ha fracasado, que la izquierda ha llegado al poder cuando era marginal y pasa rápidamente a la calumnia, la descalificación y la burda mentira.
Todo rodeado de mucho humor y un tono jocoso, que recuerda mucho a la línea editorial de Prisa en España. Empezó diferenciando diferentes izquierdas, y llamando al chavismo, al MAS de Morales y al FSLN, “la izquierda borbónica, que ni olvida ni aprende”, sin explicar nada más. Sin mencionar la erradicación del analfabetismo, del acceso de miles de venezolanos a la salud. Según Petkoff, “en Venezuela no hemos avanzado nada en la pobreza”. Nuestro ‘pensador’ definió el fenómeno político del peronismo como “un fenómeno argentino igual que Gardel y Maradona, que no se sabe bien qué son”.
A partir de entonces Petkoff empezó una sarta de distorsiones y nuevos términos que se asemejan a su “totalitarismo light”, está vez fue la “autocracia técnica” donde las elecciones son limpias técnicamente, pero no existe más que el poder ejecutivo de Chávez. La idea de la oposición con tinte de izquierdas, que es el lenguaje que Petkoff utiliza para diferenciarse de los sectores más arcaicos de la oposición burguesa, es utilizar unos términos y una fraseología que permiten que sus mentiras sean más plausibles. Según Petkoff, Venezuela no es una dictadura, pero existen todos los elementos técnicos (nunca profundizó más allá) y “además, la reforma constitucional permitirá a Chávez la reelección eterna bajo la falacia de que el pueblo decide”. En este aspecto finalizó, nada más y nada menos, diciendo que Chávez es el último caudillo desde el Cid.
Una cortina de humo
Habría que recordarle que EE UU
fue parte clave en el golpe contra
Chávez. La represión en Cochabamba
y el alzamiento en El Alto
fueron auspiciadas por Washington
y Sánchez de Lozada se refugió en
EE UU. Tampoco podemos olvidar
el Plan Colombia y la permanente
campaña de acoso contra Cuba. Ni
del silencio que reinó en Haití después
del golpe contra Aristide, que
luego la ONU rubricó.
Petkoff finalizó diciendo que si
los planes de Chávez cuajan, el valor
democrático será bastante incierto.
Es la línea general de desprestigio
a Chávez: olvidar la campaña
de acoso del imperialismo y la
oligarquía (que, por cierto, es la manera
ideal de preparar a la opinión
pública internacional para otro golpe)
y crear una cortina de humo. A
eso vino Petkoff.
Este hombre, debemos recordarlo, firmante del infame decreto del efímero dictador Carmona Estanga en 2002, nos da clases de democracia en el Parlamento europeo sin explicar qué ha pasado con las misiones (eso sí, son una fuente de corrupción y despilfarro) ni explicar nada sobre el paro petrolero. Petkoff tuvo la suerte de no escuchar las críticas que hicieron a su intervención porque, agobiado por la edad o el peso de la conciencia, se quedó dormido en plena conferencia. Pero de todos modos, fueron representantes del Mercosur y el asesor del Gobierno brasileño en política exterior Marco Aurelio García, quienes pidieron representantes oficiales de los Gobiernos de Ecuador, Venezuela y Bolivia y que se deje de satanizar a la izquierda en América Latina siguiendo la línea del departamento de estado de EE UU.
El embajador de Venezuela ante la UE, Alejandro Fleming, no pudo responder a Petkoff. La táctica de la oposición es clara: calumnia que algo queda.